domingo, 24 de octubre de 2010

La Aldea de San Nicolás: Canto al pueblo que me vio nacer

Nací en La Aldea de San Nicolás, en 1948. Amo a mi pueblo con todo mi alma y tengo una gran herencia que me dejó mi Aldea, y que anida en mi corazón, que es la esencia de las montañas, la dulce y sonora musicalidad de las olas, el brillo refulgente del mar y el olor a tierra húmeda en invierno, cuando la lluvia nos mojaba la cara y nos refrescaba el alma. ¡Cuánto me gustaba jugar por los caminitos mojados, casi cubiertos de hierba, con la carretilla que mi padre me construyó! ¡Y cuánto me gustaba cruzar el barranco por las saltaderas y cruzar la finca entre los tomateros amarrados al burro!  ¡Y jugar en los charcos de las calles, aún de tierra, al trompo que había que sacarlo a "trompazos"!
Es tanto el amor que siento por mi pueblo que sueño de noche y de día en volver en algún momento para abrazar a la higuera del camino, saludar a los pájaros de la finca, comer los ricos mangos del manguero del barranco, bañarme y calmar mis ansias en la playa, donde tantos recuerdos me acompañan cada día. Este poema es un canto a mi Aldea, es una caricia y un abrazo a su magia siempre presente y un adelanto de mi amor expresado en verso que se complementará cuando por fin pise la tierra sagrada de mis antepasados.


Mi Aldea escondida entre riscos y montañas
bañada por el Atlántico que mecen  nuestras manos
es un valle que resplandece en Gran Canaria
y que nos llena de orgullo a todos los aldeanos.

Vigilante se encuentra en lo alto el Nublo amado
su luz alumbra a La Aldea y a toda Gran Canaria
junto al Bentayga forman los roques sagrados
que el pueblo guanche hondamente también amaba.

Aldea de mi alma, mi dulce y fiel compañera
me acompañas en cada instante de mi vida
has tornado mi erial huerta  en fértil era
recuerdos de sueños y añoranzas mías.


El incierto sino me llevó a zona muy lejana
donde el bosque, el volcán y el grandioso lago
me acarician y me hacen recordar mi tierra aldeana
y quedaron en mi alma sus montañas, su playa y su canto.

Pido a Dios que algún día su tierra vuelva a besar
y que me entierren muy cerca de la montaña
debajo de aquel ciruelo donde mi padre está
y nos llegue la brisa del mar que a mi pueblo baña.


Juan Antonio Quintana
Villarrica, 24 de octubre de 2010

martes, 19 de octubre de 2010

Aldea de San Nicolás: Soñando junto al mar


El mar con la suave cadencia de las olas
el arrullo del canto de la brisa
y con el ondulante vuelo de las gaviotas
me transmite energía y sensaciones de paz y armonía.
Me baña con la magia del ensueño
y los pensamientos se evaporan
pues mi mente vuela y vuela sin rumbo ni sentido
sin fuerza, lánguidamente, hasta dibujar
una sonrisa cuando diviso un caracol olvidado
junto a un diminuto guijarro en un recóndito lugar
 de la playa escondida entre rocas,
y me pregunto: ¿Seré yo parte de su mundo?
¿A qué especie pertenezco?
Entonces vuelvo a la realidad
y me encuentro conmigo mismo
en el Cuevón junto al balo de Enrique
en la hermosa playa de mi Aldea.

 
Foto: Cuevón de la Playa
de La Aldea de San Nicolás.
Tomada de Enrique García Valencia

domingo, 17 de octubre de 2010

La Aldea de San Nicolás: La historia de don José Matías, el Fotingo

Presentación en La Aldea del Triumph, ya restaurado, que perteneció a don José Matías, y superpuesta la foto del mismo con su Montesa.

Don José Matías era propietario de una panadería en El Estanco, aunque en su juventud se había dedicado a desempeñar el oficio de diligente propio, esto es, se encargaba de resolver asuntos o encargos de los aldeanos en otros pueblos, caminando por montañas y valles, salvando grandes desniveles por el escarpado y abrupto terreno.
Cierto día se levantó de madrugada para presentarse en el Juzgado de Guía a primera hora de la mañana, y a las 9 ya se encontraba dispuesto para ser recibido por el Juez. Éste le hizo entrar, pero muy a su pesar fue requerido para que entregara algún tipo de documento que no portaba en ese momento. Sin pérdida de tiempo tomó el camino de regreso al pueblo, a unos 50 Km. aproximadamente. Al cabo de unas pocas horas estaba de vuelta en el Juzgado y el Juez quedó perplejo, porque sabía que había tenido que recorrer de nuevo el trayecto Guía – La Aldea, de ida y vuelta, y que normalmente se tardaría medio día en recorrerlo una vez, y exclamó: “Pues usted corre más que un fotingo” (por el Ford T de aquella época.)
Feliz por haber solventado el encargo que le había llevado hasta el Juzgado Comarcal de la localidad norteña, comentó a todos que el Juez de Guía le había dicho que corría más que un Fotingo. Tanto lo dijo que se quedó con ese sobrenombre. Lo bueno era que a él le encantaba que lo llamaran así.
Le gustaba tanto la velocidad que con su moto Montesa de 125 c.c. protagonizó una historia legendaria. Allá por el año 1.960 La Aldea era un pueblo olvidado. No había mucha comunicación con la capital. Apenas el pueblo despertaba cuando recibíamos a alguna autoridad provincial o a Monseñor Pildain, Obispo de la Diócesis de Canarias. Esos días era una fiesta en el pueblo, los niños no asistíamos a las escuelas, sino que nos disponíamos a recibir solemnemente a aquellos personajes que nos parecían de otro mundo. Aquel año se anunció la Vuelta Motorista a Gran Canaria. Al fin llegó el día y un domingo por la mañana todo el pueblo estaba dispuesto para recibir a la caravana motorista formada por miembros de la Guardia Civil con sus potentes motos nunca antes vistas, ambulancias, enfermeros, jueces de carrera, periodistas, un vehículo grande con los mecánicos y repuestos, un camión escoba para recoger a los que se retiraban, más los coches y motos de la gente que seguía la carrera por toda la isla, como meros espectadores, situándose a los lados de la carretera, en lugares estratégicos.
Don José Matías esperaba impaciente en La Ladera con su Montesa preparada y cuando llegó el primero se unió a él y compitió con el asombrado motorista hasta La Playa. Cuando ése tomó ya el camino hacia Agaete, que era el siguiente pueblo, nuestro personaje se volvía raudo hacia La Ladera para empezar a competir con el siguiente que llegaba. Y así se pasó la mañana ante la alegría y el jolgorio de los aldeanos que lo jaleaban aún más cuando sobrepasaba a alguno de los motoristas, aprovechando el conocimiento de la carretera del pueblo.
El Sr. Matías era un enamorado de la velocidad y quería demostrar sus dotes con su moto.
Pero no a todo el mundo le gustaban aquellos alardes en pleno pueblo. Cierto día, sobre las 2 de la tarde, me encontraba en la Barbería de Antonio (Suárez Ojeda) en La Placeta, pues allí leíamos el diario. En ese momento nos percatamos que don José Matías iba y venía a toda velocidad por la antigua calle General Franco. Al poco tiempo apareció Panchito el Barbero (Francisco Suárez Segura) en la esquina de su casa, delante de la entrada de la Herrería de José Álamo, comentando con gesto serio que eso no podía ser, que era peligroso correr de esa forma por todo el pueblo. Allí esperó paciente a que regresara por donde se encontraba y lo mandó a parar. Yo no sé qué autoridad tenía, no sé si era Concejal del Ayuntamiento, pero sí sé que era un hombre de semblante adusto y que imponía respeto. Cuando estuvo a su altura lo paró y le recriminó su actuación y le dijo: Y ahora dejas la moto aquí y daré cuenta a la autoridad. No sé al fin qué sucedió. Tal vez posteriormente aquélla le habría llamado la atención y devuelto la moto.
Otra vez se encontraba en La Playa hablando con un amigo de su pasión por la velocidad. El Sr. Matías con su veloz Montesa y su amigo con una de mucha menos cilindrada, y menos cuidada. Era ese tipo de moto que cualquiera de nosotros le ganaría aun corriendo en bicicleta. Era tanta la diferencia que había entre una y otra que nuestro personaje le propuso echar una carrera dándole una buena ventaja de tiempo. Había que cubrir el trayecto entre La Playa y el pueblo, para lo cual le daría una ventaja de 5 minutos. Así se hizo. El amigo inició su camino lentamente, pues su vieja moto no daba para más. Don José partió a los 5 minutos a toda velocidad, él calculaba que ya por Los Molinos lo adelantaría y luego lo esperaría sentado en el Barranquillo La Plaza. Pero llegó a aquel lugar y no lo encontró, pensó que tal vez había corrido más de la cuenta, pero lo atraparé por Los Espinos, se dijo, dándose ánimos, pero tampoco lo encontró al llegar a aquel lugar. Cada vez aceleraba más para poder verlo, pero ni por La Ladera, ni por ningún otro sitio lo encontró. ¿Qué habrá pasado, cómo pudo llegar al pueblo y no lo encontré por el camino?- se preguntaba. Llegó al Barranquillo La Plaza y dio vuelta por todo el pueblo y no lo localizó. Al fin se volvió a su casa disgustado por el resultado, ya que lógicamente esperaba ganar.
Cuando al fin vio a su amigo le preguntó: ¿Cómo pudiste llegar hasta el pueblo y no te encontré? No lo sé- le respondió- yo corrí todo lo que pude y llegué rapidito.
Al final se supo que el otro lo engañó, pasó el puente del Barranco Grande y después de la curva de Di Stéfano (siento que no recuerde su nombre) se escondió entre los árboles y al poco tiempo vio a su amigo pasar a toda velocidad montado en su Montesa.
¡Le quise dar una broma!, comentaba risueño.


Un saludo a Paca Matías, a Fefo y a toda la familia, y me alegro que se hayan reunido en La Aldea para la presentación del coche de José Matías, un personaje entrañable de nuestra historia aldeana, pues como decía Gregorio Marañón: “El hombre es el que hace la historia.”


Con motivo de la presentación del viejo coche restaurado, un Triumph, modelo Herald 13/60, del célebre personaje popular, ya fallecido, don José Matías Llarena, mi amigo Francisco Suárez Moreno, Cronista Oficial de La Aldea de San Nicolás publicó en ARTEVIRGO un entretenido e ilustrativo artículo recordando la personalidad de este caballero.
Para leerlo, entra a (http://artevirgo.blogia.com/2010/100401-paisajes-y-personajes-en-el-recuerdo-vi-.don-jose-matias-el-fotingo.php)

martes, 12 de octubre de 2010

Aldea de San Nicolás: La Plaza (Haikus)


El niño juega
la Plaza de La Aldea
es un recuerdo.

*

Los futbolines
casa de Patrocinio
nos alegraban.

*

La madre en casa
mientras el niño juega
no corre el tiempo.

*

En Venezuela
este niño pensaba
en esa Plaza.

*

Aquellos pájaros
cantaban en los árboles
tardes de fiesta.

Juan Antonio

El niño de la foto es Orlando Diepa Medina,
a quien van dedicados estos haikus.
¡Bellos recuerdos nos trae este retrato de la Plaza!
Los juegos de los niños, los grandes y exhuberantes árboles
el kiosko, los partdos de fútbol y el buen ambiente que siempre existía allí
nos alegraban el alma y ahora todo nuestro ser.

viernes, 8 de octubre de 2010

La Aldea de San Nicolás, El caidero Rabo Ratón (Haikus)


Desde los riscos

El Rabo Ratón

llega al barranco.

*

Agua de dioses

cae sobre los riscos

 mi linda Aldea.

*

Caen las lluvias

sobre el valle aldeano

fiesta a lo grande.

*

Lluvias de invierno

nos vamos a las presas

entre montañas.

*

En San Clemente

El Rabo del Ratón

forma un caidero.

*

Mañana de agua

los ojos de los  puentes

ven al ratón.

*

La Aldea en fiestas

corren los dos barrancos

las presas llenas.

*

Los voladores

alumbran nuestro cielo

entre los truenos.

*

En Castañeta

cruzamos el barranco

por saltaderas.

*

Los Cercadillos

y El Rabo del ratón

cruzan miradas.

*

Las aguas bravas

nos llenan todo el pueblo

de piedra y barro.

*

Corre el caidero

se esconden los lagartos

bajo las piedras.

*

Esas palomas

acompañan al agua 

barranco abajo.

*

Este barranco

se llevó algunas fincas

de Castañeta.

*

Los aldeanos

miran los nubarrones
tiempo de sur.

*

En el barranco

los niños se bañaban

entre los peces.

*

Los charcos de agua

en el barranco grande

juegos de niños.






miércoles, 29 de septiembre de 2010

El amor a la UD Las Palmas desde La Aldea de San Nicolás




La UD Las Palmas fue fundada en 1949, por lo tanto, yo sólo tenía un año de vida en fecha tan señalada para la historia del equipo.
Desde muy pequeño mi máxima prioridad era jugar al fútbol, para lo cual mi padre me compraba pelotas y más tarde balones de reglamento. Me pasaba todo el tiempo posible en el campo de fútbol de Los Calixto, al lado de La Sociedad
Era tanta mi afición que seguía a la UD Las Palmas cotidianamente. En aquella época no me podía imaginar que nuestro equipo insular tenía tan corta historia.
Lamentablemente desde La Aldea no se escuchaban las emisoras de Gran Canaria, por lo que teníamos que escuchar las de la isla de Tenerife para seguir al equipo de nuestra tierra. Recuerdo una tarde de domingo en que se estaba jugando un emocionante partido entre la UD San Nicolás y el CD Guía, pero que al mismo tiempo nuestra atención estaba en el campo Sánchez Pizjuán, donde la UD Las Palmas acabó remontando y le ganó al equipo del Sevilla por 2 goles a 3, si no recuerdo mal, destacando los jugadores canarios Silva y Miguel que habían regresado después de estar unas temporadas ligados al Atl. de Madrid y Real Madrid, respectivamente.
Tengo muy presente el partido entre la UD y el Mallorca. Mi padre me había llevado al estadio porque era el partido que decidía quién ascendía a Primera División, temporada 1963-64. Ganó nuestro equipo por 1 a 0. Fue curioso el gol, pues el balón entró mansamente después de escapársele de las manos al portero. El equipo dirigido por Vicente Dauder lo formaron: Oregui; Aparicio, Tonono, José Luis; Ardura, Torrent;  Juan Luis, Evaristo, Gilberto I, Guedes, Vegazo.
Siempre que íbamos a jugar con la UD San Nicolás fuera de La Aldea, todos los jugadores y personal técnico asistíamos al Estadio Insular a ver a la Unión Deportiva. Una vez ganamos un partido en el campo Antonio Rojas y un buen seguidor, Antonio el del "Bar La Laja" nos regaló una botella de licor para que celebráramos nuestro triunfo, y nos la tomamos en el Estadio, mientras la Unión Deportiva Las Palmas hilvanaba muy buen juego y nos regalaba un gran triunfo. ¡Qué tarde aquella más completa y divertida!
En los tiempos en que la UD era de los mejores equipos de España yo me iba los jueves a ver el partidillo previo al partido de Liga, pues ya estaba trabajando en Las Palmas de Gran Canaria. Era un gran placer ver evolucionar sobre el césped a jugadores como Tonono, Guedes, Germán, León, Justo Gilberto, Gilberto I, Castellanos, los dos porteros, Ulacia y Oregui... ¡Era una gozada, un espectáculo admirable verlos jugar de forma tan maravillosa!
Mi amor a los colores nació en La Aldea, cuando era pequeño, y se ha mantenido hasta ahora que me encuentro al otro lado del Charco, pero los sigo igualmente como si estuviera en nuestra isla.

jueves, 23 de septiembre de 2010

La Aldea de San Nicolás: Enrique y el Cuevón del Puerto

Enrique García Valencia escribió en Artevirgo sobre el Cuevón del Puerto, con el título Pasatiempos del litoral. Éste es un lugar muy especial de muchos recuerdos para todos los aldeanos. De ahí que incluya su post y lo que éste me hizo recordar.

¿Qué decir del ínclito, popular y entrañable Cuevón del Puerto? Quizá, y para algún lector que todavía no lo conozca, mencionar que es un oasis de sombra y de endógeno frescor en la sajariana orilla caliente de los veranos de La Aldea. La gran sala comedor de los tenderetes y comilonas que allí, al socaire de su penumbra, suelen realizar los devotos comensales del placer compartido. La enorme boca rocosa que continuamente se hace eco repitiendo —en farruca porfía con el océano— lo que aquél le brama en su reto persistente y eterno. La inmensa bóveda central de una basílica minimalista donde oficiara el sacerdote de la perenne quietud y del sosiego. Un biotopo costero en equilibrio que nota impasible cómo el paso del tiempo deja su impronta evolutiva e indeleble en él.


Para seguir leyendo, entra aquí:
http://artevirgo.blogia.com/2010/090401-pasatiempos-del-litoral.php


Enrique


Eres poeta de nuestra tierra, eres poeta de nuestro mar, eres poeta del Cuevón del Puerto y del balo que lo adorna sin cesar.


Remembranzas de un lejano pasado, pero que sigue vivo en nuestra memoria y en nuestra alma. Emocionan tantos recuerdos juntos, que van formando una cadena que nos conmueve hasta verter lágrimas de alegría. Recuerdos infantiles cuando el camino a la Playa era una esperada odisea y el Cuevón una majestuosa basílica pétrea, las rocas eran producto de la labor de los dioses que habrían tardado siglos en crearlas y el mar azul, ondulante, grandioso, formaba encajes de bolillos al llegar a las rocas y piedras que nos resguardaban de su afán por bañarnos de arriba abajo.
Qué decir del balo que adorna el Cuevón. Tu amigo inseparable, el que te espera a cualquier hora que te dignes visitar. El que te sonríe cuando le cuentas tus alegrías y el que te mira con mucha atención cuando le comentas tus preocupaciones y tristezas, y el que llora contigo cuando a su vera a llorar te acercas. Sabes que cuentas con un amigo que nunca te fallará. Es un amigo para siempre. A partir de ahora, estoy seguro que el balo tendrá más visitas. También de algunos, faltos de verdaderos amigos, se acercarán con ansias de hacer amistad con él. Su número de visitas y de amigos crecerá como la espuma. Son tan apreciadas sus cualidades como amigo que no faltará quien le sirva de traductor de sus sentimientos y le abra un blog, o su participación en Twitter. Pronto tendrá muchos seguidores, pues nos contará de su diaria experiencia del bello mar aldeano, de los días de frío en que se encoge para estar mejor arropado, o cuando hace calor y abre sus ramas y extiende sus hojas al mar para captar el frescor de la brisa marina. Nos contará de sus amigos, de los visitantes diarios, de la gente que pasa con sus toallas en dirección a la plácida y acogedora Playa del Puerto, o los que van con sus cañas de pescar y sus baldes para capturar algunas piezas del rico pescado de la zona.


Enrique, amigo, estupendo post que me ha hecho volar hasta la maravillosa costa aldeana y rememorar inolvidables momentos. Quise escribir un poema al Cuevón y a tu amigo el balo, pero tanto tiempo sin escribir, las musas se negaron a colaborar, pero queda pendiente.