lunes, 6 de julio de 2009

La Aldea de San Nicolás: Poesía pétrea en mi corazón

Gran Canaria es una isla volcánica que data desde hace 14 millones de años.


Los macizos de Tamadaba, Altavista y Tirma, situados en el noroeste de la isla, con el Risco Faneque de 1.000 m de altitud, que es uno de los acantilados mayores del mundo; y El Andén Verde, de unos 700 m, famoso por la carretera que bordea sus acantilados y que es motivo de susto y preocupación de muchos que la transitan y de otros que no se atreven a cruzarla.

La nueva carretera, que ya está en ejecución, salvará estos imponentes macizos con túneles y puentes. Afortunadamente, se conservará la actual carretera para los que quieran admirar estos milagros de la Naturaleza.


Al final de este imponente macizo se encuentra la Punta de La Aldea, mi pueblo natal.
Pueblo de mis sueños, de mis ilusiones y de mi eterno canto.
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Cuando me sumerjo en sus aguas se deleita mi alma
y cuando observo sus montañas mi alma llora y ríe
me uno a su esencia y me emociono hasta morir en vida.
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Aguas limpias y transparentes donde me bañé
y capté sus energías que me acompañarán mientras viva
no importando si me encuentro lejos o cerca de ellas
pues las llevo prendidas en mi alma como una rosa roja a su enamorada.
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Las montañas y el mar de mi isla siempre me acompañan
es la esencia que me permite vivir lejos de mi patria
la patria que me vio nacer, la que me enseñó a amar
la sombra de la higuera, los canteros de tomateros
el camino a la playa o el paseo por el barranco
las cabras de la finca o el saludo de mi pueblo
todos los llevo enmarcados en mi alma
y cuando vuelvo a mi patria
lloro, lloro y lloro, lloro de infinita alegría
y de pena tras mi marcha,
pero contento a la espera de un próximo
nuevo y esperado encuentro.
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Fotos Juan Antonio
Junio 2009

miércoles, 27 de mayo de 2009

La Aldea de San Nicolás: ¡Por fin la nueva carretera!

La Aldea de San Nicolás siempre ha sido considerada como una isla dentro de la isla de Gran Canaria por las dificultades de acceso al pueblo. Los foráneos se quedan asombrados cuando pasan por primera vez por el Andén Verde, que es un acantilado de unos 600 m de altura que parece cortado a pico. Muchos prometen no volver a pasar por allí del susto que les ha ocasionado.
Lo más peligroso de esta zona no son los precipicios, pues todos van con sumo cuidado para no caer, lo realmente peligroso es la caída de piedras y rocas sobre la carretera, pudiendo ocasionar muchas desgracias.
Yo recuerdo, siendo un muchacho, que íbamos por el Andén Verde en el camión de mi padre a la fiesta de Santiago, que se celebra en San Bartolomé de Tirajana, y tuvimos que pasar por una masa de tierra, piedras y rocas que había caído desde la montaña. Si todo aquel material cae sobre nuestro camión hubiera ocasionado una gran mortandad, pues iban mis padres, mis cinco hermanos, algunos primos y otros amigos de la familia.
Dentro de unos pocos años esa carretera quedará en la memoria histórica del pueblo, ya que el próximo mes de julio se iniciarán las obras de la nueva carretera, que incluirá puentes y túneles para salvar el abrupto terreno. Se olvidarán los miedos al pasar por allí cuando llovía o hacía viento, que era cuando solían caer las piedras. Sólo quedará en la memoria histórica las más de 350 curvas en el tramo entre Agaete y La Aldea. Lo que ahora es un auténtico suplicio recorrer los casi 36 km, que se tarda una hora, luego quedará en unos 18 km y se tardará unos 15 minutos, en una carretera segura y muy cómoda por la que transitar.
La obra se realizará en dos tramos, el primero entre La Aldea y El Risco de Agaete, que es el más peligroso, y luego desde éste último hasta Agaete.



Cuando terminaba la carretera del Andén Verde hacía La Aldea, se podía observar nuestro bello y querido pueblo. Entonces mi padre siempre decía jubiloso: La Aldeaaaa. Ya vamos a llegar. Aunque después se tardara una media hora en bajar por la carretera plagada de curvas hasta La Playa y luego recorrer los 4 km hasta el pueblo. Esa costumbre se ha quedado en nosotros que siempre manifestamos jubilosos que ya estamos muy cerca de nuestro hogar, cuando divisamos a lo lejos el pueblo.
Durante muchos años la carretera era muy estecha y en muchos lugares sólo podía pasar un vehículo, habiendo, cada cierto trecho, un lugar donde poder estacionar mientras el otro pasaba. De tal forma que los conductores debían estar atentos para ver quién tenía que parar, para no dar marcha atrás, por lo peligroso de la maniobra.

Posteriormente ya se ensanchó la carretera, pero sin medidas de protección del acantilado de 600 m de altura.

La nueva carretera no sólo evitará el peligro de conducir por ella, sino que servirá para abrir al pueblo a otras posibilidades y mejorar las perspectivas de trabajo y de comunicación para los aldeanos. También para que los grancanarios que no han visitado La Aldea de San Nicolás, por miedo a la carretera, se decidan a hacerlo y que puedan admirar las bellezas del oeste de la isla de Gran Canaria..

Fotos tomadas de la Red.

sábado, 16 de mayo de 2009

La Aldea de San Nicolás: El mar y sus montañas siempre me acompañan

Playa de Guguy, como la llamaban nuestros abuelos (hoy conocida como Güi-Güi). Aldea de San Nicolás, provincia de Las Palmas, España.
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Las montañas y el mar de mi isla me mecen en mis sueños. Yo vuelo hacia ellos y me impregno de su esencia.
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Recorro las hermosas playas donde desde pequeño jugaba con sus olas y me revolcaba en su arena. El mar me seducía y llenaba mi alma de vivos colores y de la magia y del aroma que nunca me han abandonado.
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El mar es poesía
el mar es arte
el mar es alegría
quiero amarte
mar de mi vida.
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Recorro las montañas en sueños de atardecer. Inicio el camino en el barrando de La Aldea, camino plácidamente en dirección a Los Cercadillos. Me saluda a lo lejos la Cueva del Mediodía, luego El Molino de Agua y el Caidero El Rabo Ratón, soñando con las lluvias para poder lucir en todo su esplendor. Continúo por el camino hacia las presas. Es un estrecho barranco donde las montañas forman un poema pétreo lleno de extraordinarios silencios musicales que inundan de emoción mi alma.
Regreso con el corazón lleno de intensos sentimientos y emociones.
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Yo continúo soñando cada día en el eterno idilio con el terruño que me vio nacer. Lo amo hasta morir de amor.
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Siempre que recorro este camino veo la mano de Dios. Ya desde pequeño, cuando subía en el camión de la presa con mi padre, me impresionaba. Más tarde hacía excursiones con mis amigos disfrutando de cada uno de los parajes, cuevas y recovecos en las montañas o en el barranco. Gozaba de su perfume, de su color y de su silencioso lenguaje.
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Montañas sagradas
adornan mi pueblo
y acarician mi alma,
yo siempre vuelvo
y quedo en calma.
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El valle de La Aldea, sus espléndidas montañas, su plácida playa y el pueblo aldeano los llevo prendidos en el alma como el mayor tesoro que Dios me pudo regalar.


Foto tomada de la red

jueves, 23 de abril de 2009

La Aldea de San Nicolás: "Pasión por el fútbol"

Yo nací para jugar al fútbol, para divertirme con los amigos y para competir. Era un apasionado de ese deporte.
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Recuerdo que desde muy pequeño los Reyes Magos me trajeron un balón de reglamento con el que jugábamos en la Finca de los Calixto.
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Cuando llegaba de la escuela a mi casa, dejaba la maleta y recogía el esférico para ir a jugar. Allí me encontraba con los amigos para hacer pachangas, o jugar al bobo, que era el que se quedaba en el centro para tratar de quitarnos la pelota.
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También jugábamos partidos con todos los asiduos que sabían dónde pasar un buen rato. Al final terminábamos sudando y pasábamos por la barbería de Antonio para tomar agua fresca del porrón.
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Todos los días seguía el programa Radio Gaceta de los Deportes, a las 20,30, en Radio Nacional de España, desde que el Real Madrid ganó la primera Copa de Europa, con la legendaria delantera: Kopa, Mateos, Di Stéfano, Rial y Gento. Era una vetusta radio que se escuchaba muy mal, con muchas interferencias.
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Asístía en el citado campo de fútbol de la Finca de los Calixto a los entrenamientos del equipo del pueblo, dirigidos por Chirivella, muy buenos jugadores como Sario, Antonio, el portero, y otros que han quedado en el recuerdo de los buenos aficionados.
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Mi padre conducía uno de los coches que llevaban a los jugadores a enfrentarse a grandes equipos del norte de la isla como el Unión Moral y el Guía. Yo les acompañaba, siendo muy pequeño, y disfrutaba viendo jugar a mis ídolos. En el coche cantaban toda clase de canciones de la época. Recuerdo la canción que más repetían, era Arrivaderci Roma.
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Legendaria era la pugna deportiva entre los equipos de los Estudiantes y el de los Aparceros. Dirigidos por Nicolás del Pino los primeros, y por Pacuco, los segundos.
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Había una gran calidad entre los jugadores, por los estudianttes destacaban, además de Nicolás del Pino, Román, Abelito y Manolo Díaz; y entre los Aparceros, Pacuco, El Moganero y Pepín, un excelente portero.
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La gran mayoría de las veces ganaban los Aparceros. Una vez los Estudiantes invitaron a jugar a Miguelillo y ese domingo marcó tres increíbles goles. Miguel fue uno de los mejores jugadores que pasaron por la UD San Nicolás en mis tiempos.
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El primer partido que jugamos con un equipo de fuera fue contra la UD Moya. Ganamos por 1 - 0. Era en categoría infantil. Fue un momento inolvidable, pues nunca antes habíamos jugado con equipos foráneos.
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Más tarde se constituyó la UD San Nicolás y se construyó un nuevo estadio, Los Cascajos. Se encuentra justo al lado del barranco. Una vez nos encontrábamos jugando un partido de competición y Maso Matías había marcado tres goles, pero tuvo la mala suerte de tirar el balón al barranco. Y no se le ocurrió mejor idea que lanzarse a recogerlo antes de que se lo llevara al mar. A partir de ese momento ya no pudo hacer nada, pues las botas y medias se le habían mojado y le pesaban un quintal.
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Hubo unas temporadas en el que viajábamos a jugar a distintos puntos de la isla en dos Land Rovers, que procedían de Tasarte, cuyo propietario, y conductor de uno de ellos, era Clemente. Durante todo el trayecto nos lo pasábamos cantando bajo la dirección de Juan Suárez Quintana, un buen jugador, excelente cantante y estupendo dinamizador.
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La gente de Agaete, pueblo por donde teníamos que pasar, y con quienes hemos tenido siempre una gran rivalidad deportiva, decía: Ahí van "volando" los aldeanos , pues algunas veces pasábamos cantando la canción "Vuelo 502", de los Tres Sudamericanos, que decía: Volando, volando, a Mallorca voy con mi canción...
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Cuando me trasladé a la ciudad continué jugando en equipos de amigos o en competiciones de empresas. También participé en el equipo de fútbol sala Isabel la Católica. Jugamos en Primera Categoría, cuya liga la ganó el UD Sumarsa, con los ex jugadores de la UD Las Palmas de Primera División, Melián y Trona, y el máximo artillero luego en División de Honor " de fútbol sala, El Palillo".
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Posteriormente también disfruté jugando al tenis en el Club Deportivo Tamarasit y en Los Tarahales, de Las Palmas de Gran Canaria.


He tenido una vida feliz, aunque todo no fue miel sobre hojuelas, pero de los malos momentos siempre se aprende para no volver a cometer el mismo error.

¡Qué bueno es recordar todo lo que nos hizo feliz en nuestra niñez!


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viernes, 10 de abril de 2009

Aldea de San Nicolás. La calle de mis juegos

Los Beatles inmortalizaron la calle "Penny Lane", en Liverpool, dedicándole una canción que siempre me encantó. Era una forma deliciosa de describirla, con sus personajes y otros hechos significativos.
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Hoy quiero recordar la calle en la que pasé los años de mi niñez y de mi adolescencia.
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Era la calle General Franco. En el número 43 nacimos todos los hijos de Antoñito Quintana y de Purita Hernández, mis padres.
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Los primeros juegos tuvieron lugar en la finca en la que posteriormente fue construido el Cine Nuevo, el Moderno Cinema. Recuerdo muy bien la última vez en que hicimos la hoguera de San Juan, antes de su construcción. Fue una noche mágica, pues había una oscuridad inmensa, pero las llamas iluminaban todo el lugar y nosotros, como fantasmas, corríamos y saltábamos a su alrededor. Al año siguiente empezó su construcción y poco a poco se elevó casi hasta el cielo, según la apreciación de mi estatura. Me asombraba ver a los albañiles colgados en aquellos andamios que parecían que estaban en el aire.
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Frente a mi casa se encontraba el Ayuntamiento. Veía cómo entraba y salía gente a resolver sus asuntos. Algunas veces llamaban a mi padre para que sirviera de testigo en algún asunto. O para pedirle algo, como sucedió con Emiliano Camejo, que le pidió unos duros para salir del paso en el Juzgado, y nunca más los recuperó.
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Mi madre algunas veces le comentaba:
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-Eres demasiado bueno, Antoñito. Hasta el día en que nos casamos, tenías unos duros y se los prestaste a Emiliano, y fuiste más pelado al matrimonio que una naranja.
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Junto al Ayuntamiento vivían las hermanas Carmita y Evelia Afonso. La primera fue cofundadora del Colegio Sagrado Corazón de Jesús y profesora nuestra en el primer curso, en un aula arrendada a Paquita, en la Plaza.
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Mis padres se llevaban tan bien con Evelia, que yo pregunté:.
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-Papá, ¿ por qué no te casas con ella?
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-Porque no me pueden dar dos casares.-Me contestaba riéndose.
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Al lado de la casa de las hermanas Afonso, se encontraba la de Pepito León. Allí asistiamos a unas clases de repaso de Matemáticas, con unos alumnos mayores, pues el Colegio tenía arrendadas unas aulas.
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Pepito era un mago para los números, pero yo no sabía que era también un predistigitador. Una vez, mientras impartía clases de contabilidad, tiró un fósforo, y quedó en posición vertical, según me comentó uno de sus alumnos. ¡Increíble!
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Al lado del cine vivían las hermanas Blanquita y Asunción Segura, y junto a su casa se encontraba La Herrería de José Álamo. Era muy popular, pues állí arreglaban desde coches, motos, bicicletas, motores, hasta pequeños artilugios metálicos o construían piezas que ya no se encontraban en el mercado.
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Al lado de mi casa había un camino al que llamábamos El Callejón, que conducía a los Cascajos, junto al cauce del barranco, y a las fincas que se encontraban en la parte posterior de mi hogar. Por un postigo de la cocina, divisando las fincas de tomateros y un cañaveral que las separaba, mi abuela Eloisita nos avisaba, silbando, para que nos personáramos a almorzar.
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En la bajada de ese callejón había un cuarto, bastante espacioso, que heredé de mi primo Abel. Allí yo vivía prácticamente todo el tiempo, menos a la hora de ir a comer, que lo hacía en la casa. Nos comunicábamos por medio de un agujero que unía los dos niveles.
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Cuando inauguraron el Cine Nuevo, construyeron un cuarto, junto al mío, que daba cabida a un poderoso motor. Éste me hacía la vida imposible desde las diez a las doce de la noche, los días entre semana, y los fines de semana, desde las cinco de la tarde en adelante. Me supongo que la potencia del alumbrado público no era suficiente, por lo que tenían que ayudarse de ese potente motor. Producía un ruido estruendoso que hacía retumbar las paredes.
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Lamentablemente eran tiempos de la Dictadura en que nadie osaba presentar una denuncia ante tales atropellos. Los poderes político y económico no podían tener réplica.

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Frente a La Herrería se encontraba La Barbería de Antonio (A. Suárez Ojeda). Ésta era un lugar entrañable a la que asistí desde mis primeros años.
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Cada día pasaba a leer los periódicos, especialmente la sección de deportes. Los lunes había que ir temprano, pues la Hoja del Lunes estaba muy solicitada, pues todos seguíamos a la Unión Deportiva Las Palmas, primero en Segunda División y luego, en tiempos de Tonono, Guedes, Germán y Castellano, en Primera. También estábamos pendientes de los triunfos del Real Madrid en la Copa de Europa, con aquella delantera de ensueño Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento.
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Cuando jugábamos en el campo de fútbol de la finca de los Calixto, de regreso pasábamos sudorosos y exhaustos por la barbería a tomar agua fresca del porrón que siempre estaba dispuesto para tal efecto, con el fin de hacer un descanso y recuperarnos.
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Allí siempre había una amena tertulia, con el humor socarrón que caracterizaba a los asiduos asistentes. Nunca faltaba Rafael, mi padre, y gente de todos los barrios que pasaban a saludar y se quedaban un rato participando de la charla.
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Una vez me encontraba en el sillón giratorio, leyendo el periódico, mientras Antonio me pelaba.
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Él con otro señor mantenían este diálogo:
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-¿Y cuánto dices que te costó la finca?
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-Veinte millones, le contestó el otro. -También le compré el camión y el ganado de cabras. Los veinte trabajadores que tenía siguen conmigo y voy a contratar a otros veinte.
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Yo no estaba prestando mucha atención, pero me sonó que era un ricachón el que charlaba. Me di la vuelta y observé que era Rafael. Entonces ellos se partieron de la risa al ver que yo me había interesado en saber quién era el potentado que hablaba.

Esta calle era el lugar de juego de todos los niños de esta zona. Delante del Cine Nuevo jugábamos al fútbol o a darle a la pelota con la cabeza o con el pie, sin dejarla caer. El sitio ideal para jugar a la chapa era en los escalones del cine o delante del bar del mismo. Ese sitio también era el elegido para jugar a levantar estampas, cromos.
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El momento elegido era el mediodía en que no pasaban vehículos. Por la tarde nos íbamos a la Plaza, o Alameda, en que jugábamos a la cogida, a pompa, al escondite y a cualquier juego que alguien propusiera.
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Ya por la noche, jugábamos partidos de fútbol muy entretenidos. Había que tener calidad y saber jugar con los elementos del parque, como las paredes, el kiosko, los parterres y las salidas, dos de las cuales eran las porterías.
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Llegábamos cansados a nuestras casas, pero contentos de tanta diversión y haberlo pasado tan bien con los amigos.

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Foto tomada de la Red

domingo, 5 de abril de 2009

El Pleito de La Aldea: 300 años de lucha por la tierra

Valle de La Aldea de San Nicolás, Gran Canaria, Islas Canarias, España.

La isla de Gran Canaria fue dominada por los españoles entre 1478 y 1483, en una conquista realenga, puesto que fue financiada por los Reyes Católicos, al contrario que la conquista de otras islas en que las campañas fueron financiadas por los nobles, en beneficio propio, por lo que se les denominaba conquista señorial.


La colonización fue lenta. Las tierras fueron pasando de unos señores a otros, ampliando sus propiedades por compras, conversión de terrenos baldíos en fértiles o anexión de otros que eran realengos.

Muchos aldeanos cultivaban esas tierras desde tiempos inmemoriales, pasando la propiedad de padres a hijos, como cultivadores a medias hasta 1927, siempre en perpetuo litigio.

Se daba la circunstancia que ni los propietarios de la Gran Hacienda Aldea de San Nicolás, ni los que habían cultivado la tierra, tenían documentos que avalaran su propiedad, por lo que hubo una lucha, a veces muy virulenta, con el empleo de la fuerza por la Guardia Civil. En medio de estos hechos se produjo el asesinato del secretario municipal en 1876.
Traslado del Ministro de Gracia y Justicia, Galo Ponte, desde la playa de La Aldea hasta el pueblo, en febrero de 1927.

También hubo batallas legales en los que no hubo nunca un vencedor definitivo. Hasta que en 1927, el Ministro de Gracia y Justicia del Gobieron del General Primo de Rivera, don Galo Ponte, se personó en La Aldea para conocer de primera mano el problema que llevaba tanto tiempo pendiente de solución. Él sabía que se habían producido muchos litigios judiciales y algunos líderes aldeanos se habían desplazado hasta Madrid para solicitar la propiedad de sus tierras.

Finalmente, éstas fueron concedidas a los aldeanos, que por fin triunfaron, después de 300 años de lucha, y se hicieron acreedores de los títulos de sus tierras. Y al Mayorazgo se le adjudicó la titularidad de 100 Ha.

Algunos aldeanos se desplazaron a Madrid para tratar de pedir una solución a este problema que duraba tanto tiempo y que tenía soliviantada a la gente de La Aldea.

El cura Vicente Bautista Sosa, tío de mi padre, se trasladó a Madrid para pedir la ayuda del Ministro en el Pleito.

Solicitó audiencia al secretario del Sr Galo Ponte, y éste le contestó que el Ministro estaba muy ocupado y que no lo podría atender.

-Señor, yo vengo desde muy lejos, desde Las Islas Canarias, casi como en el fin del mundo. He tardado días en llegar y no me puedo volver sin haber hablado con él.

-Lo siento, es imposible que lo reciba- le contestó el Secretario.

-No importa, yo esperaré lo que haga falta, le comentó don Vicente.

El cura se sentó en la sala de espera y siempre que pasaba Galo Ponte le saludaba muy respetuoso:

-Buenos días, señor Ministro.

-Buenas tardes, señor Ministro.

Y así cada mañana y cada tarde, al verle entrar y salir de su oficina.

Pasados unos días, Galo Ponte le pregunta extrañado a su secretario:

-¿Quién es este curita que me saluda mañana y tarde cada día?

-El viene desde las Islas Canarias para tratar sobre el Pleito de los aldeanos por la propiedad de la tierra.

De esta manera, el Sr Ministro se apiadó de él y le hizo pasar a su despacho, escuchándole atentamente y prometiéndole estudiar el caso.
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Francisco Suárez Moreno es autor del magistral libro "El Pleito de La Aldea: 300 años de lucha por la propiedad de la tierra. (1990)
También recomiendo la lectura de Breve Historia de La Aldea de San Nicolás (I y II), del mismo autor, en la Revista Digital Bienmesabe, para conocer algo más de nuestra historia.
Fotos tomadas de dicha Revista.
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domingo, 29 de marzo de 2009

Aldea de San Nicolás, Antonio Quintana el "Indiano"

Antigua plaza de La Aldea de San Nicolás, Gran Canaria, España.

Muchos aldeanos tuvieron que emigrar a Cuba y Venezuela en busca de nuevos horizontes, ya que en la isla de Gran Canaria no había trabajo, ni porvenir para los jóvenes.

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Mi padre me contó muchas historias interesantes de mi abuelo Antonio Quintana, a quien apodaban el "Indiano", tanto de su estancia en Cuba, como en La Aldea.

Él había emigrado en la segunda mitad del siglo XIX y volvió unos años más tarde.

Me contaba que había un exportador, llamado don José, de la capital de la isla, que iba a recoger tomates que cosechaban algunos agricultores de La Aldea, durante toda la zafra.

Cuando terminaba el período de recolección de la fruta, los labradores se acercaban a la capital, con la intención de cobrar. Al llegar a la oficina cada uno de ellos, don José le saludaba atentamente:

-Buenos días, ¿qué le trae por aquí?

-Vengo a cobrar- le respondía respetuosamente.

Don José, muy amable le contestaba:

-No se preocupe, voy a buscar el dinero para que usted regrese al pueblo sin dilación.

Pero pasaban las horas y don José no regresaba, por lo que el agricultor tenía que volverse cabizbajo al pueblo, con las manos vacías.

Y así sucedía una y otra vez al ir a cobrar los tomates que habían cosechado con tanto trabajo.

Un día don Antonio, el "Indiano", manifestó su decisión de ir a cobrar los tomates.

-¿Para qué vas a ir?- le preguntaban sus familiares y amigos.- Ya sabes lo que siempre hace don José . Además, hay unos asaltantes a mitad del camino que roban a todo el que pasa.

-No se preocupen, yo estaré de vuelta con el dinero.

Se fue a la ciudad y al llegar a la oficina saludó:

-Buenos días, don José. Vengo a cobrar los tomates.

-Muy bien, don Antonio, enseguida salgo y se lo traigo.

-No, don José. Usted no se ausenta de aquí- le dijo con determinación.

-Pero aquí no tengo el dinero, por lo que tengo que ir a buscarlo.

-Usted no sale de aquí. Mande a buscarlo- reiteró.

Por mucho que insistió don José, no consiguió que mi abuelo cediera a su petición. Por lo que tuvo que llamar a su esposa, que se encontraba en el segundo piso, para que fuera a buscarle el dinero.

Una vez que la esposa regresó con "los cuartos", don José le pagó a mi abuelo y le dijo:

-Por favor, don Antonio, le ruego que no le comente a nadie que usted cobró.

Él tomó de nuevo el camino de regreso al pueblo y al llegar, todo el mundo, asombrado, le preguntó:

-Pero, don Antonio, ¿cómo logró cobrar? ¿Y cómo consiguió soslayar a los asaltadores que siempre están apostados a medio camino?

-Muy fácil, les contestó mi abuelo. Cuando llegué, le dije a don José que no regresaría al pueblo sin el dinero. Y cuando pasé por donde estaban los bandidos, yo iba disfrazado de mendigo, con un saco en el hombro, con el capital dentro.- ¿Cómo iban a asaltar a un mendigo que no tiene ni para comer?

La fama de don Antonio de hombre serio y que se dejaba respetar era de todos conocida, pero es exagerado como lo pintó un fabulador que escribió un libro basado en viviencias del pueblo, en el que contaba que él se paseaba por La Aldea con un pistolón en la cintura que hasta la Guardia Civil le tenía miedo.
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Foto tomada de la Red