miércoles, 10 de diciembre de 2008

La promesa

De pequeños tenemos conceptos arraigados, ya sea por tradición familiar o por educación. Es el caso de las promesas.

Recuerdo que los mayores las ofrecían si mejoraba la salud de algún familiar o si tenían éxito con algún proyecto o gestión importantes.

Algunas personas ofrecían asistir a misa durante tres meses, días tras día. O avanzar de rodillas, en la Basílica del Pino, desde el pórtico hasta postrarse a los pies de la Virgen.

Y así podríamos enumerar numerosas promesas y los distintos motivos que las sustentaban.

Los niños no estábamos ajenos a esta tradición.

Recuerdo que una vez mi amigo Paquito y yo prometimos ir, si aprobábamos el curso, durante los meses de verano, dos veces en semana, hasta una cruz situada detrás de unas montañas.

Cada vez partíamos contentos a cumplir nuestro deber, provistos de un bocadillo y una cantimplora de agua. Después de dos horas de recorrido, llegábamos y rezábamos unas oraciones, y seguidamente nos volvíamos contentos por el deber cumplido.

Una vez hubo desacuerdo con el día en que debíamos ir a la cruz. Yo no quería ir y él se negaba a modificar el plan previsto.

Mi amigo se empeñó tanto que decidió ir solo. Yo no lo creía capaz, pues era un lugar muy lejano y solitario adonde teníamos que ir. Así que partió, pero yo le seguí a la distancia, sin ser visto.

De esta guisa anduvimos todo el camino y cuando llegamos a la cruz me acerqué a saludarle.

-Paquito, te iba siguiendo y tú ni te percataste- le dije.

-Eso crees tú, desde el primer momento vi que me seguías, pero me hice el desentendido- me contestó.

Otra vez prometí ir a misa cada día, de forma consecutiva, durante un mes, por haber aprobado, pero como ésta se decía a las 7 de la mañana, era fácil que me saltara un día, por lo que se invalidaba la serie y tenía que empezar de nuevo.

Como vi que era muy difícil cumplir aquella promesa, le escribí al Papa para que me la perdonara o para que me la conmutara, puesto que yo había leído que él tenía la facultad de hacerlo.

Del Vaticano me contestaron que lo tratara con mi párroco que él me daría la solución.

Me decepcionó la respuesta del Papa.

Al final creo que ni hablé con el párroco, ni cumplí la promesa.
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14 comentarios:

Nerina Thomas dijo...

Genio!!
Yo he hecho muchas de esas cosas que tu. Hasta que aprendí que el secreto era " actuar", " pensar" y " sentir bien " todos los días de la vida.
Un mimo al alma tu escrito. Gracias

mara y cuyá dijo...

jajaja...me has hecho reír Juan. Y supongo que ese día te diste cuenta que nadie te iba a ayudar en los exámenes, sólo tu empeño. Ay, por qué los dioses nos piden sacrificios extras. Un abrazo muy grande

Bego dijo...

Yo también hice alguna de esas promesas, ahora mismo recuerdo una al Cristo de Telde, si aprobaba el carnet de conducir.

Juan Antonio, te envío un saludo.

Adrisol dijo...

hola juan antonio!!!!!!!

la verdad, me has hecho sonreir!!
no creo mucho en hacer promesas, estás pidiendo algo y si se cumple, tú debes cumplir lo que prometiste,no?
me parece que en un momento de desesperación, se puede llegar a prometer cualquier cosa y después te arrepientes porque es muy difícil cumplir!!!!!!!!!!
yo dejo que fluya, si es será y sino es porque no era para mí.

un abrazo y me encantó lo del Papa............

Soñadora dijo...

Juan Antonio, que recuerdos tan tiernos! Y que vivo tu amigo Paquito, que no te dijo nada para obligarte a seguirlo hasta allá!
También me sorprende que te hayan respondido del Vaticano, no pensé que se dieran ese trabajito.
Besitos,

RAFAEL LIZARAZO dijo...

Hola, Juan...

Las Promesas, son también por acá parte del arraigo popular.

Se pagan promesas a la virgen patrona de cada región,al divino niño, al señor de los milagros, etc.

Recuerdo cuando niño, las romerías que con mis padres y abuelos haciamos para cumplirle la promesa a la virgen de Chiquinquirá, patrona de Colombia.

Un saludo.

La Gata Coqueta dijo...

Es curioso estar siguiendose los pasos aun sabiendolo, aguantar hata el final.

Cuando se hacen las cosas se hacen por instinto, lo que no sabemos es que esa ya va a ser nuestra manera de ser y comportarnos a lo largo de nuestras vidas...

No dejandose ver pero estando ahi para cualquier necesidad que surgiese.

Y luego escribir al Papa, es muy fuerte pero ya no tenias fronteras en tu mente, es la difinición que aportas al leerte, como persona integra.

Un buen finde y hasta otro momento.
Un cálido abrazo amigo.

Lilith dijo...

Descubrir blogs como el tuyo hace que me guste cada vez más este mundillo virtual. Realmente es una comunidad. Enhorabuena.

CONRA dijo...

Hola Juan Antonio:
¿Incluso hasta el Papa llegaste con tu promesa? Cuando somos pequeños, hacemos cosas que luego con el tiempo nos da risa.
Yo enviaba por correo cartas a los Reyes Magos...
Juan, sabes que me encantan tus anécdotas infantiles. Espero la próxima.
Buen fin de semana.
Un gran abrazo.

Juan dijo...

Nerina

Con el tiempo uno fue aprendiendo las lecciones de vida como es el que lo importante es actuar y tener mucha fe.

Un abrazo.

Juan dijo...

Mara y Cuyá

Cuando uno estudia poco, o se esfuerza poco en los proyectos que pretende que tengan éxito, mira para el cielo en espera de un milagro.

Cuando era pequeño creía mucho en las promesas, pues éstas estaban muy arraigadas en el pueblo.

Un abrazo.

Juan dijo...

Bego

A la Virgen del Pino, al Cristo de Telde y al de La Laguna, en Tenerife,se le pedían promesas, pues el pueblo estaba muy acostumbrado desde antaño a estas prácticas.

Un abrazo.

mi despertar dijo...

AY!!!!!!!!!!!! como me ha gustado tanto que no quiero dejar palabras solo silencios

Besos enormes para vos compinche

moksha dijo...

Curiosamente, aún hago algunas promesas tratando de negociar algún sueño.
Un abrazo bello caballero!.