sábado, 22 de noviembre de 2008

Excursión a Los Palmaretes

En aquellos tiempos había un sacerdote en La Aldea de ideas modernas y de carácter abierto y dicharachero, don José Perera.

Él había reunido a unos chicos a los que preparaba para entrar en el Seminario. Pensábamos que era un grupo de elite, siempre bien vestidos, y que el cura les invitaba a merendar exquisitos manjares, nunca vistos en nuestras humildes casas.

Un día nos enteramos que se iban de excursión con él a Los Palmaretes, un hermoso palmeral con abundante vegetación, en las afueras del pueblo.

A alguno de mis amigos mayores se le ocurrió que podríamos seguirles, sin ser vistos, y que a la hora de comer les lanzaríamos flechas que se clavaran en el pan. ¡Qué imaginación infantil!

En un hermoso día de verano se reunió el grupo delante de la casa parroquial, a las 4 de la tarde, bajo un sol de justicia, y partieron.

Nosotros les seguimos a prudencial distancia para no ser vistos. Cruzamos El Barrio, el almacén de los Picos, el Molino de Viento y luego subimos la empinada y larga cuesta hasta el lugar elegido.

Cuando ellos llegaron, descansaron un rato charlando y se dispusieron a merendar.

Nosotros nos encontrábamos ocultos en el palmeral, pero no tanto, porque don José nos llamó y nos invitó a participar en el suculento banquete: bocadillos de tortilla, de mortadela, de queso, para tomar había un rico refresco y para terminar unos plátanos que sabían a gloria.

Al finalizar nos despidieron, pues ellos se disponían a realizar una actividad.


Nosotros les dimos las gracias por el trato recibido. Había sido una experiencia inolvidable.

En el camino de vuelta a casa, se me produjo una herida en la planta del pie, ya que mi zapato tenía un agujero.

Cuando llegué compungido a casa, mi madre me lavó bien el pie y me curó, y con cara de pena me dijo:

-Juan Antonio, vete a la Peletería de Manuel “el de la Sociedad”, en La Palmilla, y que te dé unos botines. Y prosiguió- Y que me lo apunte en mi cuenta.

Me dirigí hacia donde me había indicado mi madre. Me probé unos botines maravillosos, de color azul, y salí de allí más contento que unas pascuas, luciéndolos con orgullo.

Había sido un día emocionante con un final muy feliz.






Foto Google

22 comentarios:

Adrisol dijo...

hola juan!!!!!!
hermoso relato el de hoy.......
esas travesuras de niño con final feliz me encantan!!!!!!!!!
gracias por sacarme una sonrisa.....
un abrazo amigo

mara y cuyá dijo...

cómo no iba a haber un final feliz con tantas ganas y valor que pusieron esos niños para cumplir su deseo!!!!...lindos recuerdos Juan. Besos vecinos

Isabel dijo...

Travesuras con final feliz, recuerdos de infancia, que nos hacen sonreir.
Un beso

CONRA dijo...

Pues es verdad que tuviste un día redondo... don José te invitó a merendar y tu padre te compro unas botas nuevas. Me encantan tus relatos, son muy tiernos y llenos de viva.
Juan, buen fin de semana.
Besitos de tus islas y míos.

Juan dijo...

Adrisol

La imaginación de mi amigo se quedó en nada, pues sólo queríamos hacerles saber que tenían compañía.

Es muy hermoso recordar aquellas anécdotas que quedaron en nuestra mente.

Un abrazo.

Juan dijo...

Mara y Cuya

Cuando pequeños nos gustaba realizar pequeñas aventuras. Mi amigo seguro que había visto algunas películas de Robin Hood, por lo que ideó lo de las flechas.
¡Bendita imaginación la de los niños!

Un abrazo.

Juan dijo...

Conra

Fueron momentos tan deliciosos que no quisieron jamás que fueran olvidados.

Gracias por tus visitas con sabor a mar, aire y tierra isleños.

Un abrazo.

Juan dijo...

Isabel

Pienso que uno suele recordar generalmente las anécdotas de final feliz, las otras quedan en el olvido. ¿Por qué será?

Unabrazo.

Marysol dijo...

Ay, Juan, no sabes como disfruto estos preciosos relatos, retazos tiernos de tu niñez que me llevan a recordar la mía. Bendita inocencia, quién pudiera recobrarla.
Besos

Juan dijo...

Marysol

Esos recuerdos de mi niñez son caricias para nuestra alma.

Un beso.

Desire dijo...

Que bello relato! que nsotalgias nos traen los recuerdos de la infancia verdad!

moksha dijo...

Que buen día, con gente buena y dispuesta.
Un abrazo, bello caballero!.

Juan dijo...

Desire

Estos recuerdos de la infancia me traen una sonrisa de satisfacción al comprobar cuan inocentes, y por lo tanto felices, éramos.

Un abrazo.

Juan dijo...

Moksha

Nosotros tenemos siempre el corazón abierto para pasarlo bien entre los amigos.

Un abrazo.

Maripaz Brugos dijo...

Muy bonito el relato y con un final feliz ...

Se saboreaba todo porque teniamos lo justo ...

Ahora, tenemos tantas cosas que hemos perdido la capacidad de asombrarnos ...

Es importante recordar aquello que nos hizo felices

Un abrazo Juan Antonio

Juan dijo...

Maripaz

Esos deliciosos recuerdos nos permiten percatarnos de la inocencia y alegría de los niños.

Un abrazo.

Bego dijo...

Un recuerdo para jamás olvidar.

Juan, un saludo.

Miriam Jaramillo dijo...

De visita en tu blog. Es un placer leerte... Definitivamente recordar es vivir. Regresare pronto. Con infinito respeto.

Juan dijo...

Bego

Estos son recuerdos inolvidables, los cuales nos hacen sentir la inocencia de los niños, su amor, su forma de ver la vida...

Un abrazo.

Juan dijo...

Miriam

Es un placer darte la bienvenida a mi casita. Las puertas siempre están abiertas para los amigos y para la gente de buena voluntad.

Un abrazo.

moksha dijo...

Celebro tú presencia.
Un abrazo bello caballero.

moksha dijo...

Celebro tú presencia.
Un abrazo bello caballero.