martes, 6 de abril de 2010

La Aldea de San Nicolás: La ruta de las presas, anécdotas y otras historias

La ruta que une La Aldea de San Nicolás y Artenara es una de las más hermosas que yo jamás haya visto en mi vida. El barranco camina encajonado entre riscos, algunas veces formando cañones impresionantes.
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Este camino lo he andado muchas veces, tanto a pie como en coche y cada vez que paso me impresiona como si fuese la primera vez.
Salimos del pueblo y pasamos por El Molino de Agua, seguidamente llegamos a La Fuente del Molinillo, que durante muchas generaciones fue el lugar donde la gente del pueblo se proveía de rica agua para tomar. A continuación pasamos por los tres puentes, el último de ellos en San Clemente, que es donde empieza a estrecharse el barranco, en dirección al pueblo, encajonado entre fincas. Subimos una larga cuesta y pasamos por Salado. En frente podemos observar el ubérrimo lugar de Pino Gordo. Continuamos el camino y pasamos el Barranco de Tifaracás. Más arriba encontramos la Presa de El Caidero de la Niña, la más pequeña de las tres. Después de la cola de la primera presa y, hacia la derecha, entramos por el Barranco de Siberio para observar la presa del mismo nombre, la única de las tres construida enteramente con piedra, técnica que no fue muy acertada, puesto que es la única que ha tenido grandes problemas de filtraciones, entre la pared y el risco. Varias veces subimos por el muro de la presa, ya que las piedras hacen de peldaños, como si de una escalera se tratara. En las otras dos hay que subir por una interminable escalera adosada al risco.
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Presa de Siberio, la única de las tres que se construyó con piedra, en el Barranco del mismo nombre.
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Volvemos al barranco principal, el de Tejeda-La Aldea, y poco más arriba se nos aparece la presa de El Parralillo, que tiene una capacidad ligeramente superior a la de Siberio, unos 4.570.000 m3.
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Vista desde la cima de Altavista, del Macizo de Pajonales- Inagua al fondo. En primer plano la cola de la presa de El Parralillo.
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Vista desde la primera cima de Altavista, del Macizo de Pajonales- Inagua al fondo. En primer plano la cola de la presa del Parralillo.
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Seguimos subiendo en grandes rampas y llegamos hasta un mirador donde se encuentra un viejo molino restaurado. Desde allí se pueden apreciar unas maravillosas vistas de las montañas del Macizo.

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Esculpidas las montañas
con un cincel divino
forman un sagrado altar
donde los canarios
elevan sus plegarias al cielo
y agradecen el regalo al Señor.
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Montañas que pisaron los aborígenes
disfrutando de la esencia de la tierra
respirando el perfume de las cumbres
que se elevan con sus enhiestas cimas al cielo
para tocar con sus dedos el manto del Creador.
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Poesía petrificada es mi tierra
himno de amor al terruño querido
sinfonía de olores, colores y fantasía
maravillosas huellas de nuestros antepasados
que nos dejaron grabadas en montañas y caminos.
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Seguidamente llegamos a Acusa donde hubo un tiempo que acompañaba a mi padre a buscar garrafas de un agua fresca y exquisita que salía de un chorro procedente de las cumbres, la mejor de toda la cuenca del Barranco.
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Fotos:
Rastatun (1)
Tania M. Artiles(2)

5 comentarios:

Adrisol dijo...

que lindo juan antonio!!

cuántas cosas aprendo contigo...de otra manera jamás lo hubiese hecho!!!!

graciassssssssssss
un super abrazo

RAFAEL LIZARAZO dijo...

Hola, Juan:

Imponente geografía a la que hoy nos muestras, tus descripciones son muy instructivas e ilustran muy bien toda la belleza de esos paisajes de tu tierra.

Abrazos.

La Gata Coqueta dijo...

Cuando un poeta canta estamos en sus manos: él es el que sabe despertar en nosotros aquellas fuerzas secretas; sus palabras nos descubren un mundo maravilloso que antes no conocíamos.

Novalis

Un hermoso fin de semana te desea...

María del Carmen

SÓLO EL AMOR ES REAL dijo...

Tu bucólico y exquisito relato me transportó a ese lugar que mencionas...

Paz&Amor

Isaac

SÓLO EL AMOR ES REAL dijo...

Hoy paso solo a bendecirte y a pedir al Señor por tu paz y bienestar, querido amigo

paz&amor

Isaac