martes, 23 de septiembre de 2008

Pepe Cañadulce, otro personaje entrañable


José Santana Castro, junto con Lolita Pluma y con Andrés el Ratón, fue uno de los entrañables personajes de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

Recuerdo, siendo pequeño, cuando nos íbamos a examinar por libres al instituto de Enseñanza Media Pérez Galdós, ver por las calles, pregonando distintos acontecimientos, como actuaciones de circo, de deportes, verbenas y otros, megáfono en mano, como una especie de fonil de latón, con una buena abertura para colocar su boca Pepe Cañadulce.

Recuerdo que era alto y delgado y en las comisuras de sus labios se pegaban como chicle, la saliva seca de su esfuerzo pregonero.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Mis primeros recuerdos en la ciudad.

Estatua homenaje a Lolita Pluma

En los primeros tiempos en que nos íbamos a examinar a la capital, tomábamos la guagua, el autobus, para desplazarnos. El valor del trayecto dependía de la distancia, podía ser de 60, 70 u 80 céntimos de peseta, que era la unidad monetaria por aquellos viejos tiempos.

Una vez quisimos ir al Parque Santa Catalina y pagamos 70 cts. por error. Cuando llegamos a la playa de Las Alcaravaneras, el cobrador nos interpeló:

-Muchachos, se tienen que bajar. Si quieren seguir, deben pagar de nuevo.

Y como nosotros no queríamos abonar otro billete, nos bajamos. Estuvimos caminando una eternidad, parecía que no íbamos a llegar.

En el parque Santa Catalina conocimos a un personaje muy popular que ha quedado casi como un mito en la ciudad, a Lolita Pluma.


Andres el Ratón

Y en nuestros paseos por Triana conocimos a otro personaje no menos popular que la anterior, a Andrés el Ratón. Un señor enorme que siempre iba adornado con innumerables medallas.

La zona de Triana, pasando por el Puente de Palo y por el de Piedra, ya desaparecidos desde hace muchos años, hasta llegar a la catedral y la Plaza de Sta. Ana, era nuestro trayecto preferido para pasear.


viernes, 19 de septiembre de 2008

Primeros partidos de fútbol

Foto de Google


En mi infancia fui realmente feliz.

Tuve unos padres amorosos y unos hermanos encantadores.

En la escuela era un niño normal y me divertía mucho jugando al fútbol con mis amigos.

Cuando salía de la escuela, tiraba la maleta detrás de la puerta de mi casa y me iba a jugar al fútbol.

Los primeros partidos que jugamos fueron contra los equipos de La Ladera y Barranquillo Hondo. Estos tenían lugar cuando había algún acontecimiento religioso, cuando había catequesis o iba el Obispo o cualquier otra autoridad. Eran los únicos momentos que nos podíamos reunir. Recuerdo que cada uno aportaba una cantidad de dinero y apostábamos, ganaba la apuesta el ganador del partido, Recuerdo que reuníamos hasta medio duro. Algunas veces fabricábamos una copa con los deshechos de los bombillos, con un carrete donde se enrollaba el hilo de coser y todo eso se forraba con platina.

¡Son recuerdos inolvidables!



miércoles, 17 de septiembre de 2008

Primer viaje a la ciudad para examinarnos

El colegio Sagado Corazón fue fundado por don Paco León, el médico, la Srta. Carmen Afonso y don Federico Rodríguez Gil. La primera sede fue el Ayuntamiento.

Yo estuve en la escuela de don Juan Márquez hasta los 9 años. A los pocos meses pasamos el examen de Ingreso al Bachiller, examen realizado en el mismo colegio, puesto que el Tribunal examinador se trasladó desde la ciudad a tal efecto.

A los once años tuvimos que trasladarnos a la capital, Las Palmas de Gran Canaria, para pasar el examen de Primero de bachiller.

Todos éramos amigos del colegio, pero yo iba para todos lados con mi amigo Paquito el de Ciso.

Fue todo una fiesta, pues teníamos que viajar los alumnos solos. Mi madre me mandó a la barbería de Antonio para ir bien peladito y me compró ropa nueva.

Tomamos uno de los piratas, el de Paco Matoña o el de Juanito Afonso, y nos alojamos en la pensión Juan Frangollo, un señor aledeano, apellidado Ojeda, situada en la calle Pedro de Vera, cerca de Camino Nuevo. Otros se hospedaban en la de Paquito.

El recorrido para ir al Instituto Tomás Morales, o al Pérez Galdós, siempre era el mismo. Subíamos por Bravo Murillo y tomábamos la calle Tomás Morales.

Cerca de la pensión desayunábamos en la cafetería Los Angeles que hacían unos churros muy ricos.

También paseábamos por la calle Triana, que no era peatonal por aquellos tiempos. Llegábamos hasta Vegueta, cruzando el Puente de Palo, muy cerca se encontraba el Puente de Piedra, la Catedral y la Plaza de Santa Ana, con los perros que tanto nos llamaban la atención.

Todo nos parecía extraordinario.

Son recuerdos imborrables.

¡Qué tiempos aquéllos, tan hermosos!

lunes, 15 de septiembre de 2008

La Aldea, Recuerdos de niño


En la vida hay momentos alegres y momentos tristes. Los hay que se olvidan, que están en lo más profundo de nuestra mente, y otros que quedan muy presentes, por algún motivo desconocido.

La muerte está muy presente en nuestra vida. Mueren personas de nuestra familia, amigos y conocidos. Algunos tienen trascendencia personal, por el grado de cercanía o afecto, y otros, por algún extraño motivo, también quedan en nuestra memoria.

Recuerdo siendo pequeño el fallecimiento de mi prima Ángeles, pues hacía poco que habíamos jugado juntos.
El que más impresionó fue el fallecimiento de Nicolás Álamo. Era una tarde fría y lluviosa de invierno cuando se accidentó mortalmente en la presa de El Caidero de la Niña, que estaba en construcción.

Era de noche y su padre, José, pasó por delante de mi casa llorando y exclamando: "Mi hijo está mataíto". Yo pasé mucho miedo y tristeza, pues se unió el dolor de la muerte con la oscuridad de la noche, la lluvia y el frío. Yo me fui a acurrucar a mi cama, tapado con una manta.

Este caso es sobre el padre de un amigo. Una tarde de marzo, en plena zafra, estábamos participando de una "guerra de tomates" en La Placeta, cerca del almacén de Manuel Ruiz, donde estaba la antigua y hermosa plaza, y en una de éstas lancé uno con todas mis fuerzas y fue a darle a Nicolás Armás, padre, un señor muy alto y delgado. Mucho fue mi miedo de haberle causado daño. Él se comportó como un caballero y ni me llamó la atención. De todas formas yo me disculpé. Poco tiempo después falleció.

Otro que quedó en mi recuerdo, fue el chófer de un camión de Pepito Franco, a quien llamaban Perico. A la salida de la escuela de pago de don Federico, yo le había hecho algo a su hijo Fico y éste se quejó a su padre. Entonces el señor salió corriendo detrás de mí. Pensé que a mí, al ser bastante rápido, no me cogería, pero craso error, con tres zancadas me atrapó y me llamó la atención. Poco después, falleció este señor.

Y, por último, un chico del pueblo que era muy inteligente, un estudiante brillante, conocido por Pedro el de Tila, estaba estudiando en La Universidad de La Laguna la carrera de Química. En una de sus vacaciones en La Aldea estuvimos jugando al fútbol en el estadio de Los Cascajos y hablamos sobre los estudios y de otros asuntos de la vida. Al poco tiempo tuvo un accidente y falleció.

Siempre he tenido a estas personas, que Dios las tenga en su seno, en mi memoria. Espero que esto me sirva de catarsis y pueda librarme de tenerlos tan presentes en mi pensamiento.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Fiesta de El Charco, La Aldea de San Nicolás

Vista panorámica de El Charco, antes de que el alcalde tirara el volador dando inicio a la Fiesta..

La Aldea de San Nicolás

15.000 se remojaron en El Charco



Al final, los amantes del remojón anual en El Charco dieron la razón al alcalde aldeano, Tomás Pérez, quien había sostenido los días previos que pese a caer este año la fiesta entre semana, la afluencia iba a ser grande en un día que se presentó sin sol, con cielo entoldado, ligera lluvia a ratos y con 15.000 personas en la costa.
El rito de todos los años se cumplió ayer en La Aldea de San Nicolás sin más variantes con respecto a ediciones anteriores que la ausencia del sol, aunque el día se presentó bochornoso, con una temperatura en torno a los 25-27 grados y con la fugaz aparición de goterones de lluvia que no empañó la brillantez de una fiesta que volvió a registrar una catarsis colectiva, con la asistencia de unas 15.000 personas, según los datos proporcionados por Protección Civil y Policía Local de La Aldea de San Nicolás. Se pesca la rica lisa con las manos o con cestas.
Desde muy temprano, los aldeanos, los que habitualmente residen en el valle y los muchos que suelen subir todos los años a compartir la fiesta, empezaron desde primeras horas del día a bajar hacia la playa, ocupando sitio bajo los tarajales del parque Rubén Díaz y poniendo en marcha unos tenderetes que alcanzaron su apogeo a primeras horas de la tarde, después del baile amenizado por la Banda de Agaete en el muelle y antes de que sonara el volador que indicara el momento del remojón en las aguas de El Charco.
Algunos adobaron la espera con un asadero de lapas cuyos efluvios impregnaban medio parque y repartían viandas entre los más rezagados. Rondallas, parrandas o, simplemente, grupos de amigos rasgueaban las guitarras y timples y ponían sonido a una tarde que avanzaba hacia las cinco, la hora emblemática del aviso para el baño.
Estos jóvenes tuvieron suerte de pescar una rica lisa.
El apogeo del rito tuvo una intensidad de media hora larga, mientras en la orilla la Banda de Agaete no cesaba en sus sones de «canarios somos, canarios seremos». Al final, del barrizal emergieron los últimos entusiastas de una fiesta que se celebró con absoluta normalidad.


Periódico Canarias7
Fotos de archivo






martes, 9 de septiembre de 2008

La Aldea de San Nicolás, su situación geográfica en Gran Canaria

Pueden picar sobre el mapa con el cursor para ampliarlo.

La Aldea de San Nicolás, hasta 2005 llamado San Nicolás de Tolentino, se encuentra situado al oeste de la isla.
Pueden observar las tres rutas de que se dispone para acceder al pueblo desde la capital, Las Palmas de Gran Canaria.

Tiene una superficie de 139 km2. La población asciende a unos 8000 habitantes. La altitud del centro del municipio es de 33 m y su altura máxima es La Inagua, 1.300 m.

En los años 60 la población logró superar los 10.000 habitantes en tiempos de la zafra de tomates.