Mostrando entradas con la etiqueta Gran Canaria España. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gran Canaria España. Mostrar todas las entradas
jueves, 3 de mayo de 2012
Por fin la luz al final del túnel: Nueva vía para La Aldea
Video de Odiomed.
Mañana, 4 de mayo de 2012, se realizará la voladura del último tramo del túnel de la tan añorada vía que unirá en un futuro El Risco de Agaete con La Aldea de San Nicolás. Esta nueva carretera, con una longitud de 10 km, con 7 viaductos y un túnel de 2.339 m, salvará los peligrosos precipicios del Andén Verde, dentro del Parque Nacional Tirma-Tamadaba, pero cuyo principal peligro es la caída de piedras y derrumbe de parte de los riscos.
Macizo Tirma-Tamadaba (Foto tomada de Google)
La actual carretera costó sangre sudor y lágrimas, primero para que concedieran el permiso y luego el presupuesto para su construcción, y por el difícil trazado que eligieron, por unas montañas realmente de difícil acceso. Se dice que el ingeniero proyectó esa carretera, por ese sitio tan complicado, con el firme propósito de que no se pudiera llevar a cabo.
Después de más de 50 años recorriendo esa carretera, en la cual sentimos miedo muchas veces por las caídas de pìedras y derrumbes, también reconocemos los maravillosos paisajes de las esplendorosas montañas, de los agrestes y empinados acantilados, del inmenso mar azul visto desde las alturas, de la vista de la isla de Tenerife, con su majestuoso Teide, de los hermosos cardones y otras especies de la flora que alegran nuestra vista y nuestro espíritu. Ojalá que se minimice el impacto de las obras con la plantación de árboles, arbustos y plantas, embelleciendo los accesos donde hubo que horadar las montañas o remover millones de toneladas de tierra.
No sé si alguna vez, cuando se inaugure la nueva vía, podremos recorrer la antigua sólo por placer, para volver a disfrutar del maravilloso milagro del Creador, un esplendoroso cuadro que quedará para siempre en nuestra retina y en nuestro corazón.
domingo, 8 de abril de 2012
¡De excursión en el camión de Antoñito!
En la foto Antoñito Quintana con su esposa, Purita, sus hijos y sobrinos, y sus medianeros Pepe, Amelia, Nicolás Hernández y Alberta, con algunos de sus familiares.
Por los años 50 no había muchos lujos, pero nunca faltaban las ganas de divertirse y pasarlo bien. Las excursiones en el camión de Antoñito Quintana eran una de las formas de salir de la monotonía y de disfrutar de la naturaleza, ya fuera en la playa, en el campo, en el pinar de Tamadaba o en las fiestas de otros pueblos.
¡Nos vamos de excursión al Pinar de Tamadaba! Con esa frase, que corría de boca en boca entre familiares, amigos y vecinos, comenzaba el jolgorio, principalmente entre la chiquillería, para organizar la salida en el camión de Antoñito. En el día y hora señalados estábamos todos más contentos que unas pascuas, las mujeres con sus cestas con los almuerzos y meriendas: las tortillas de papas, las latas de sardinas y de atún, el queso, la talega del pan, el balde de tunos, unas manos de plátanos, las botellas de agua y una tableta de chocolate para endulzar la boca.
Durante el camino cantábamos para ir contentos y entretenidos, de esa forma lo pasábamos bien y transcurría rápidamente el tiempo del viaje.
Otras veces la excursión era corta, a la playa de La Aldea, por el Roque. Allí al fresquito almorzábamos, mientras charlábamos animadamente. Después de los postres, los chiquillos nos íbamos al agua, a pesar de que nuestras madres protestaban y nos advertían que se nos iba a cortar la digestión, y los mayores a echarse una siesta a la sombra de los riscos.
Una vez, al pasar por la destilería del Ron del Charco, percibimos un intenso mal olor, puesto que se encontraba el camino lleno de deshechos de la caña dulce. Debido a esa circunstancia, los chiquillos empezamos a cantar:
-Fo, fo y siempre fo; fo, fo y siempre fo. Y proseguíamos: -Fo, fo y siempre fo; fo, fo y siempre fo.
De esa manera llegamos hasta el pueblo cantando la canción, y en cualquier momento de nuestra niñez cuando percibíamos un fuerte mal olor la empezábamos a cantar entre risas.
Por los años 50 no había muchos lujos, pero nunca faltaban las ganas de divertirse y pasarlo bien. Las excursiones en el camión de Antoñito Quintana eran una de las formas de salir de la monotonía y de disfrutar de la naturaleza, ya fuera en la playa, en el campo, en el pinar de Tamadaba o en las fiestas de otros pueblos.
¡Nos vamos de excursión al Pinar de Tamadaba! Con esa frase, que corría de boca en boca entre familiares, amigos y vecinos, comenzaba el jolgorio, principalmente entre la chiquillería, para organizar la salida en el camión de Antoñito. En el día y hora señalados estábamos todos más contentos que unas pascuas, las mujeres con sus cestas con los almuerzos y meriendas: las tortillas de papas, las latas de sardinas y de atún, el queso, la talega del pan, el balde de tunos, unas manos de plátanos, las botellas de agua y una tableta de chocolate para endulzar la boca.
Durante el camino cantábamos para ir contentos y entretenidos, de esa forma lo pasábamos bien y transcurría rápidamente el tiempo del viaje.
Otras veces la excursión era corta, a la playa de La Aldea, por el Roque. Allí al fresquito almorzábamos, mientras charlábamos animadamente. Después de los postres, los chiquillos nos íbamos al agua, a pesar de que nuestras madres protestaban y nos advertían que se nos iba a cortar la digestión, y los mayores a echarse una siesta a la sombra de los riscos.
Una vez, al pasar por la destilería del Ron del Charco, percibimos un intenso mal olor, puesto que se encontraba el camino lleno de deshechos de la caña dulce. Debido a esa circunstancia, los chiquillos empezamos a cantar:
-Fo, fo y siempre fo; fo, fo y siempre fo. Y proseguíamos: -Fo, fo y siempre fo; fo, fo y siempre fo.
De esa manera llegamos hasta el pueblo cantando la canción, y en cualquier momento de nuestra niñez cuando percibíamos un fuerte mal olor la empezábamos a cantar entre risas.
domingo, 1 de mayo de 2011
La Aldea de San Nicolás: Porque es mía
No amo a La Aldea por sus inigualables playas
El Roque, Las Barquillas, La Caletilla o El Puerto
ni por las espléndidas montañas de Los Cedros, ni Hogarzales
tampoco por el alto Pico de La Inagua, ni por Risco Redondo
aunque siempre los llevo muy presentes en mi alma,
tampoco por el Caidero de Las Huesas, ni por la Cueva del Mediodía.
No amo a La Aldea por su hermoso y fértil valle
ni por el entrañable y añorado Barranco Grande
tampoco por el cálido y embriagante aroma del pueblo
ni por la calidez y hospitalidad de sus gentes
tampoco por los sueños que desde niño me acompañan
rememorando los inefables momentos pasados en él.
¿Saben ustedes porqué la amo?
Yo la amo porque es el pueblo de mis abuelos, padres y hermanos.
Yo la amo porque es mía.
Fotos Aéreas de Canarias
Foto de la Playa de La Aldea
antes de la construcción del muelle.
domingo, 17 de abril de 2011
La Aldea de San Nicolás: Nos saluda un nuevo día
Nos saluda un nuevo día
lleno de luz y de color
y nos quedamos extasiados
por este milagro de la Naturaleza
dando gracias al Creador.
Límpidas aguas de La Aldea
en el Archipiélago Canario
que nos hermanan con África
en la otra orilla del océano
unidos en el corazón aldeano.
Sol, mar, aire y montañas
forman el más preciado lienzo
donde pintamos el bello cuadro
del amor y espíritu aldeano
que llevamos prendido en el alma.
Foto: Luis Díaz
Etiquetas:
África,
Aldea de San Nicolás,
Archipìélago Canario,
Canary Islands,
Gran Canaria España,
Kanarische Inseln,
Literatura,
Mar Aldeano,
Poemas,
Spain,
Spanien
viernes, 8 de octubre de 2010
La Aldea de San Nicolás, El caidero Rabo Ratón (Haikus)
Desde los riscos
El Rabo Ratón
llega al barranco.
*
Agua de dioses
cae sobre los riscos
mi linda Aldea.
*
Caen las lluvias
sobre el valle aldeano
fiesta a lo grande.
*
Lluvias de invierno
nos vamos a las presas
entre montañas.
*
En San Clemente
El Rabo del Ratón
forma un caidero.
*
Mañana de agua
los ojos de los puentes
ven al ratón.
*
La Aldea en fiestas
corren los dos barrancos
las presas llenas.
*
Los voladores
alumbran nuestro cielo
entre los truenos.
*
En Castañeta
cruzamos el barranco
por saltaderas.
*
Los Cercadillos
y El Rabo del ratón
cruzan miradas.
*
Las aguas bravas
nos llenan todo el pueblo
de piedra y barro.
*
Corre el caidero
se esconden los lagartos
bajo las piedras.
*
Esas palomas
acompañan al agua
barranco abajo.
*
Este barranco
se llevó algunas fincas
de Castañeta.
*
Los aldeanos
miran los nubarrones
tiempo de sur.
*
En el barranco
los niños se bañaban
entre los peces.
*
Los charcos de agua
en el barranco grande
juegos de niños.
lunes, 20 de septiembre de 2010
La Aldea de San Nicolás: Fotos para el recuerdo (1)
Foto de mi padre, Antoñito Quintana, de corbata negra, con los medianeros, acompañados por la familia de éstos.
En Castañeta siempre hubo muy buenos medianeros, pero los más recordados eran Nicolás y Alberta, y Pepe y Amelia. Los considerábamos como de la familia, pues estuvieron laborando allí durante muchos años. Eran gente muy trabajadora y cariñosa. Como buenos campesinos obtenían de la tierra, además de la cosecha de tomates, gran cantidad de verdura y fruta de toda clase. También contaban con algunas vacas y cabras que nos proporcionaban buena leche y cabritos con los que celebrábamos las Navidades y fiestas importantes. Cuando mi padre organizaba algún viaje a Las Palmas de Gran Canaria, le proveían de todo lo que hubiera en la finca para repartirlo entre la familia de la capital.
Mi padre se pasó aquellos años trabajando, además de para pagarnos la carrera a sus hijos, para comprar los celemines que pertenecían a los otros herederos del Cura Vicente, con el fin de ampliar la finca. Esto cuando no había que arreglar El Arenal que se lo había llevado el Barranco Grande en sus crecidas imparables; entraba por la finca de José Sosa e iba arrasando todo hasta llegar a la de mi padre, para continuar por la de tití Daniel.
Emocionantes las veces que corría el barranco y, cuando ya portaba menos caudal, cruzábamos por las saltaderas que eran unas grandes piedras que habían colocado al efecto. Cuando ya éramos muchachos, lo hacíamos a la carrera.
Una vez quise ayudar a una señora con algunos paquetes a cruzarlo, pero perdí pie y casi me lleva la corriente barranco abajo. Un día Carmita Afonso hizo el siguiente comentario en el colegio: ¡Alguien se quiso hacer el valiente y casi se lo lleva el barranco! Yo me quedé colorado, pero me hice el desentendido.
De Castañeta recuerdo una higuera que llegaba hasta el cielo y daba cajas de ricos higos blancos. Así lo veía yo, pues era muy pequeño.
También las tuneras que plantaba mi padre que nos permitían deleitarnos con unos ricos tunos amarillos azucaraditos y jugosos y otras de tunos blancos pequeños y deliciosos.
Estos son recuerdos imborrables, pues uno jamás se olvida de lo bueno que le sucedió en su vida.
viernes, 16 de abril de 2010
Ay mi Aldea de San Nicolás: Poema de nostalgia y amor
. Espa
Ay mi Aldea cuánto te extraño
cuánta nostalgia anida en mi alma
cuántos recuerdos de mi amado pueblo
y cuántos sueños de mi vida en calma.
.
Calles de juegos y diversión con mis amigos
campo de fútbol donde disfruté de verdad
plazas de paseos, charlas y amoríos
y el mar que escuchaba mi canto a la libertad.
.
Ay mi Aldea linda, pueblo de mis amores
vierto mis lágrimas para regar los campos
que tanta sequía y dejadez sufrieron
y para aliviar mi alma de mis quebrantos.
.
Pero hoy sonrío, mi terruño adorable
pues tú me esperas con los brazos abiertos
ya que el Atlántico me transporta en sus olas
y las gaviotas me dan un alegre concierto.
.
Me saludan los riscos, los barrancos y las montañas
las palmeras, las tabaibas y las aulagas
los pájaros, los murciélagos y las perdices
y mi querido amigo que tanto me extraña.
.
Amo al pueblo aldeano, amo su bonhomía
su idiosincracia, su alegría y su buen humor
su ánimo parrandero y su diario esfuerzo
y amo su espíritu abierto y emprendedor.
.
Te doy un apretado y sincero abrazo
te diré que te amo con locura una vez más
y antes del último y definitivo viaje
te repito que así nunca jamás podré amar.
cuánta nostalgia anida en mi alma
cuántos recuerdos de mi amado pueblo
y cuántos sueños de mi vida en calma.
.
Calles de juegos y diversión con mis amigos
campo de fútbol donde disfruté de verdad
plazas de paseos, charlas y amoríos
y el mar que escuchaba mi canto a la libertad.
.
Ay mi Aldea linda, pueblo de mis amores
vierto mis lágrimas para regar los campos
que tanta sequía y dejadez sufrieron
y para aliviar mi alma de mis quebrantos.
.
Pero hoy sonrío, mi terruño adorable
pues tú me esperas con los brazos abiertos
ya que el Atlántico me transporta en sus olas
y las gaviotas me dan un alegre concierto.
.
Me saludan los riscos, los barrancos y las montañas
las palmeras, las tabaibas y las aulagas
los pájaros, los murciélagos y las perdices
y mi querido amigo que tanto me extraña.
.
Amo al pueblo aldeano, amo su bonhomía
su idiosincracia, su alegría y su buen humor
su ánimo parrandero y su diario esfuerzo
y amo su espíritu abierto y emprendedor.
.
Te doy un apretado y sincero abrazo
te diré que te amo con locura una vez más
y antes del último y definitivo viaje
te repito que así nunca jamás podré amar.
.
Foto tomada de la Red
.
Este poemita me lo inspiró al escuchar hoy la interpretación de la canción "Gran Canaria" al Grupo folclórico Los Gofiones.
.
lunes, 13 de octubre de 2008
Viaje en burro al motor del gofio
La Aldea era un pueblo hospitalario, amistoso y donde casi todos éramos conocidos. Había muy buen ambiente y camaradería.
Un día mi madre nos pidió a mi primo Antonio y a mí que lleváramos un saco de millo, que ella había tostado en casa, al motor del gofio de los Rodríguez, justo en el mismo sitio donde tenían la central eléctrica para suministrar energía al pueblo.
-Vayan primero a pedirle el burro a José Álamo, puesto que el saco pesa mucho- Y prosiguió mi madre- No se preocupen, yo ya hablé con él.
El burro era de buen porte y tenía fama de manso. Su dueño lo prestaba al que lo necesitaba.
José Álamo era propietario de la herreria, en la cual trabajaban todos sus hijos. Era pariente de mi padre, por parte de mi abuelita María.
Nos cargaron el saco de gofio en el animal y emprendimos la marcha. Tomamos la calle principal abajo hasta llegar al Barranquillo de la Plaza. Desde allí nos dirigimos hasta el barranco.
Cuando nos encontrábamos a medio camino, nos tropezamos con un muchacho mayor, a quien llamaban Manolo el Gánster, por las razones que ustedes pueden imaginar. Éste, sin mediar palabra, nos quitó el saco de millo y lo tiró al suelo, saltando sobre él durante un tiempo. Finalizada su fechoría, se marchó.
Tuvimos que esperar a que pasara una persona mayor para que nos cargara otra vez el saco en el burro. Entonces proseguimos la marcha hasta llegar al motor del gofio. Emiliano, que era la persona encargada, recogió el saco y nos entregó el comprobante.
Al fin, regresamos a nuestra casa sin más problemas.
Glosario
Millo = Maíz
Gofio = Harina de maíz
Motor del gofio = Molino de gofio
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





