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jueves, 16 de julio de 2009

La Aldea de San Nicolás: Jubilación de Francisco Suárez Moreno, Maestro, escritor y amigo

Acto de homenaje a Francisco J. Suárez Moreno en La Aldea de San Nicolás, en julio de 2009.

Francisco Suárez Moreno es amigo mío desde el día en que nos vimos por primera vez en el colegio Sagrado Corazón de Jesús, cuya sede era en aquellos momentos unos salones del Ayuntamiento de La Aldea de San Nicolás. Corría el año 1.959.
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Desde niño visitaba la casa de sus padres, donde me recibían con mucho cariño. Su padre, don Francisco Suárez Oliva, Siso, era un caballero, protector y aglutinador de su familia que me trataba muy bien y a quien yo apreciaba mucho. Y Juanita, su mamá, me tenía una gran estimación, viendo lo buen amigo que era de su hijo.

Yo había estudiado en la escuela de don Juan Márquez y él en la escuela pública La Ladera, por lo que no nos conocíamos anteriormente. Estuvimos estudiando todo el Bachillerato y el Magisterio juntos, siguiendo un paralelismo en nuestros estudios, terminando en la misma convocatoria de junio de 1.967.

Por aquella época formábamos un buen grupo junto con Juan José del Pino. Cada domingo nos reuníamos en el bar de Paco, frente al Cinema X, a celebrarlo con un vinito blanco y un plato de calamares. También juntos, acompañados de nuestras compañeras de curso, realizamos el viaje de Fin de carrera a la vecina isla de Lanzarote.

Paquito y yo continuamos nuestra amistad, unidos por el amor a nuestra tierra. Cada vez que llegaba a La Aldea me llevaba a las montañas para extasiarnos contemplando el valle que forma nuestro municipio o a disfrutar de la Playa, del Muelle y del Puerto.
Cuando terminó su carrera, Paquito se estableció en La Aldea, mientras yo lo hacía en Las Palmas de Gran Canaria.

Muy pronto él se dedicó a investigar sobre la historia de La Aldea, especialmente sobre la lucha de los aldeanos por la propiedad de la tierra.

Francisco Suárez con las presentadoras del acto de su jubilación y del programa de televisión local "El Rotulador", que él dirige.

Inicialmente él investigó la historia de La Aldea, especialmente sobre la lucha de los aldeanos por la propiedad de la tierra. Después de un arduo trabajo de investigación en distintos organismos y bibliotecas locales, regionales, nacionales, y de un intenso trabajo de campo publicó el libro El Pleito de la Aldea: 300 años de lucha por la propiedad de la tierra, en 1.990. Éste es un libro sensacional que rescata la odisea del pueblo aldeano por recuperar su identidad y su tierra.
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Posteriormente publicó otros libros muy interesantes rescatando personajes, hechos y Etnografía de La Aldea. En algunos de los cuales colaboré como corrector y asesor literario, lo cual fue un placer, pues todos los libros contenían valiosa información e historia de nuestro pueblo. Lo que podría ser una lectura un poco técnica o específica de la materia, a mí me parecía una novela que me atrapaba y me hacía difícil la corrección, por lo que tenía que dar varios repasos para que no saliera publicado ningún error.

Mi amigo Francisco Suárez Moreno, Paquito el de Siso, como se le conoce popularmente en el pueblo, llegó a la edad de jubilación, después de más de cuarenta años de docencia, en los cuales desempeñó su labor con profesionalidad y con mucho amor, tanto a sus alumnos como al trabajo que realizaba.
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Por su inmensa labor rescatando parte de la historia de La Aldea que se encontraba casi perdida para siempre, y que él supo rescatar con mucho trabajo y dedicación, legándola a su pueblo, el Ayuntamiento le nombró Hijo Predilecto, al mismo tiempo que le puso su nombre a una calle.

Acompañado por su familia: su esposa, madre, hijo, hermanos y tíos en el acto de su jubilación.

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Yo, como aldeano y como amigo, le doy infinitas gracias por el inmenso trabajo realizado investigando y conservando la historia de nuestro pueblo, y por apoyar todas las iniciativas que fueran en defensa del acervo cultural y artístico de La Aldea.
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Fotos Juan Antonio

lunes, 15 de septiembre de 2008

La Aldea, Recuerdos de niño


En la vida hay momentos alegres y momentos tristes. Los hay que se olvidan, que están en lo más profundo de nuestra mente, y otros que quedan muy presentes, por algún motivo desconocido.

La muerte está muy presente en nuestra vida. Mueren personas de nuestra familia, amigos y conocidos. Algunos tienen trascendencia personal, por el grado de cercanía o afecto, y otros, por algún extraño motivo, también quedan en nuestra memoria.

Recuerdo siendo pequeño el fallecimiento de mi prima Ángeles, pues hacía poco que habíamos jugado juntos.
El que más impresionó fue el fallecimiento de Nicolás Álamo. Era una tarde fría y lluviosa de invierno cuando se accidentó mortalmente en la presa de El Caidero de la Niña, que estaba en construcción.

Era de noche y su padre, José, pasó por delante de mi casa llorando y exclamando: "Mi hijo está mataíto". Yo pasé mucho miedo y tristeza, pues se unió el dolor de la muerte con la oscuridad de la noche, la lluvia y el frío. Yo me fui a acurrucar a mi cama, tapado con una manta.

Este caso es sobre el padre de un amigo. Una tarde de marzo, en plena zafra, estábamos participando de una "guerra de tomates" en La Placeta, cerca del almacén de Manuel Ruiz, donde estaba la antigua y hermosa plaza, y en una de éstas lancé uno con todas mis fuerzas y fue a darle a Nicolás Armás, padre, un señor muy alto y delgado. Mucho fue mi miedo de haberle causado daño. Él se comportó como un caballero y ni me llamó la atención. De todas formas yo me disculpé. Poco tiempo después falleció.

Otro que quedó en mi recuerdo, fue el chófer de un camión de Pepito Franco, a quien llamaban Perico. A la salida de la escuela de pago de don Federico, yo le había hecho algo a su hijo Fico y éste se quejó a su padre. Entonces el señor salió corriendo detrás de mí. Pensé que a mí, al ser bastante rápido, no me cogería, pero craso error, con tres zancadas me atrapó y me llamó la atención. Poco después, falleció este señor.

Y, por último, un chico del pueblo que era muy inteligente, un estudiante brillante, conocido por Pedro el de Tila, estaba estudiando en La Universidad de La Laguna la carrera de Química. En una de sus vacaciones en La Aldea estuvimos jugando al fútbol en el estadio de Los Cascajos y hablamos sobre los estudios y de otros asuntos de la vida. Al poco tiempo tuvo un accidente y falleció.

Siempre he tenido a estas personas, que Dios las tenga en su seno, en mi memoria. Espero que esto me sirva de catarsis y pueda librarme de tenerlos tan presentes en mi pensamiento.

martes, 9 de septiembre de 2008

La Aldea de San Nicolás, Gran Canaria, España

La Aldea de San Nicolás es un pueblo situado al oeste de la isla de Gran Canaria, a 71 km de la capital, Las Palmas de Gran Canaria.
Para llegar al pueblo se pueden tomar tres rutas:
1. Por el norte, bordeando las costas norte y oeste, se tarda una hora y media por lo escarpado del terreno y sus inumerables vueltas.
2. Por el centro, por Artenara y Tejeda, bajando por la carretera de las presas.
Y 3. Por el sur, bordeando la costa este, siguiendo por Mogán y Veneguera.
Barrios de La Aldea de San Nicolás, núcleos de población, o lugares de recuerdos:
Artejévez,
Barranquillo Hondo,
La Plaza,
La Placeta
Castañeta,
Cercadillos,
El Albercón,
El Barrio
El Cruce,
El Hoyo,
El Pinillo,
El Polvorín,
El Ribanzo,
El Taharalillo,
Jerez,
La Cardonera,
La Cruz,
La Hoyita,
La Ladera,
La Playa,
Ladera del Palomar,
Las Marciegas,
Las Tabladas,
Lomo del Carmen,
Los Cardones,
Los Caserones,
Los Cercadillos,
Los Espinos,
Los Pasitos,
Mederos,
Molino de Agua,
Molino de Viento,
Pino Gordo
Tasarte,
Tasartico
Tocodomán.