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lunes, 15 de noviembre de 2010

La Aldea de San Nicolás. ¡Unos billetes para la iglesia, por favor!


El Gobernador Civil, don Antonio Avendaño Porrúa, ante el micrófono; a su derecha, don Federico Díaz Bertrana, Presidente del Cabildo de Gran Canaria; don José Perera, coadjutor; don José Rodríguez Marrero, Alcalde de La Aldea y don Miguel López, cura párroco.

En La Aldea se estaba construyendo la iglesia nueva por los años 60 y los curas, don Miguel y don José, se afanaban en conseguir el dinero necesario para tal fin. Con motivo de la visita de las autoridades nacionales y provinciales al pueblo, para hacer el seguimiento de la construcción de las presas, don José Perera pensó que era el momento de recaudar importantes fondos. Así que cuando estaban reunidos, sacó su gorrito y lo pasó a modo de cepillo. Al llegar al Ministro de Obras Públicas, don Jorge Vigón, éste muy serio le dijo: ¡Primero vamos a llenar la barriga, luego veremos los asuntos de Dios!

No obstante, el cura siguió con su acción y consiguió unos buenos billetes para la iglesia.

jueves, 23 de septiembre de 2010

La Aldea de San Nicolás: Enrique y el Cuevón del Puerto

Enrique García Valencia escribió en Artevirgo sobre el Cuevón del Puerto, con el título Pasatiempos del litoral. Éste es un lugar muy especial de muchos recuerdos para todos los aldeanos. De ahí que incluya su post y lo que éste me hizo recordar.

¿Qué decir del ínclito, popular y entrañable Cuevón del Puerto? Quizá, y para algún lector que todavía no lo conozca, mencionar que es un oasis de sombra y de endógeno frescor en la sajariana orilla caliente de los veranos de La Aldea. La gran sala comedor de los tenderetes y comilonas que allí, al socaire de su penumbra, suelen realizar los devotos comensales del placer compartido. La enorme boca rocosa que continuamente se hace eco repitiendo —en farruca porfía con el océano— lo que aquél le brama en su reto persistente y eterno. La inmensa bóveda central de una basílica minimalista donde oficiara el sacerdote de la perenne quietud y del sosiego. Un biotopo costero en equilibrio que nota impasible cómo el paso del tiempo deja su impronta evolutiva e indeleble en él.


Para seguir leyendo, entra aquí:
http://artevirgo.blogia.com/2010/090401-pasatiempos-del-litoral.php


Enrique


Eres poeta de nuestra tierra, eres poeta de nuestro mar, eres poeta del Cuevón del Puerto y del balo que lo adorna sin cesar.


Remembranzas de un lejano pasado, pero que sigue vivo en nuestra memoria y en nuestra alma. Emocionan tantos recuerdos juntos, que van formando una cadena que nos conmueve hasta verter lágrimas de alegría. Recuerdos infantiles cuando el camino a la Playa era una esperada odisea y el Cuevón una majestuosa basílica pétrea, las rocas eran producto de la labor de los dioses que habrían tardado siglos en crearlas y el mar azul, ondulante, grandioso, formaba encajes de bolillos al llegar a las rocas y piedras que nos resguardaban de su afán por bañarnos de arriba abajo.
Qué decir del balo que adorna el Cuevón. Tu amigo inseparable, el que te espera a cualquier hora que te dignes visitar. El que te sonríe cuando le cuentas tus alegrías y el que te mira con mucha atención cuando le comentas tus preocupaciones y tristezas, y el que llora contigo cuando a su vera a llorar te acercas. Sabes que cuentas con un amigo que nunca te fallará. Es un amigo para siempre. A partir de ahora, estoy seguro que el balo tendrá más visitas. También de algunos, faltos de verdaderos amigos, se acercarán con ansias de hacer amistad con él. Su número de visitas y de amigos crecerá como la espuma. Son tan apreciadas sus cualidades como amigo que no faltará quien le sirva de traductor de sus sentimientos y le abra un blog, o su participación en Twitter. Pronto tendrá muchos seguidores, pues nos contará de su diaria experiencia del bello mar aldeano, de los días de frío en que se encoge para estar mejor arropado, o cuando hace calor y abre sus ramas y extiende sus hojas al mar para captar el frescor de la brisa marina. Nos contará de sus amigos, de los visitantes diarios, de la gente que pasa con sus toallas en dirección a la plácida y acogedora Playa del Puerto, o los que van con sus cañas de pescar y sus baldes para capturar algunas piezas del rico pescado de la zona.


Enrique, amigo, estupendo post que me ha hecho volar hasta la maravillosa costa aldeana y rememorar inolvidables momentos. Quise escribir un poema al Cuevón y a tu amigo el balo, pero tanto tiempo sin escribir, las musas se negaron a colaborar, pero queda pendiente.



lunes, 17 de mayo de 2010

La Aldea de San Nicolás: Historia de COAGRISAN



Este video publicado por franck 1962 bajo el título "Nostalgia Aldeana. COAGRISAN años 60 en La Aldea de San Nicolás" es de una valía extraordinaria, puesto que recoge unas imágenes del pueblo inéditas hasta ahora, todavía sin invernaderos, y la historia de COAGRISAN, Cooperativa Agrícola, constituida en 1961 por unos pequeños y medianos agricultores que tuvieron una gran visión de futuro, puesto que años después llegó a ser una organización que aglutinaba a cientos de agricultores aldeanos.

Empieza el video citando a los fundadores de la Cooperativa, entre ellos don Manuel Díaz, Abel Hernández, José del Pino y Francisco Armas del Pino.


Se pueden observar imágenes de los cultivos en Los Cascajos, los almacenes de tomates, cómo laboraban en ellos las trabajadores, realizando la selección de forma manual, aunque ya se emplean en el almacén algunas máquinas ideadas y elaboradas por un aldeano, de cuyo nombre no logro acordarme; también carretillas elevadoras. Maquinaria que poco antes no se usaban en los almacenes de empaquetado de tomates.

Estas imágenes que nos trae franck 1962 nos hacen recordar aquellos momentos de antaño que han quedado para siempre en nuestra retina y en nuestro corazón.


Amigos, a partir de hoy me tomaré un descanso. A mi vuelta les visitaré en sus blogs. Gracias por vuestra compañía y apoyo.

domingo, 5 de abril de 2009

El Pleito de La Aldea: 300 años de lucha por la tierra

Valle de La Aldea de San Nicolás, Gran Canaria, Islas Canarias, España.

La isla de Gran Canaria fue dominada por los españoles entre 1478 y 1483, en una conquista realenga, puesto que fue financiada por los Reyes Católicos, al contrario que la conquista de otras islas en que las campañas fueron financiadas por los nobles, en beneficio propio, por lo que se les denominaba conquista señorial.


La colonización fue lenta. Las tierras fueron pasando de unos señores a otros, ampliando sus propiedades por compras, conversión de terrenos baldíos en fértiles o anexión de otros que eran realengos.

Muchos aldeanos cultivaban esas tierras desde tiempos inmemoriales, pasando la propiedad de padres a hijos, como cultivadores a medias hasta 1927, siempre en perpetuo litigio.

Se daba la circunstancia que ni los propietarios de la Gran Hacienda Aldea de San Nicolás, ni los que habían cultivado la tierra, tenían documentos que avalaran su propiedad, por lo que hubo una lucha, a veces muy virulenta, con el empleo de la fuerza por la Guardia Civil. En medio de estos hechos se produjo el asesinato del secretario municipal en 1876.
Traslado del Ministro de Gracia y Justicia, Galo Ponte, desde la playa de La Aldea hasta el pueblo, en febrero de 1927.

También hubo batallas legales en los que no hubo nunca un vencedor definitivo. Hasta que en 1927, el Ministro de Gracia y Justicia del Gobieron del General Primo de Rivera, don Galo Ponte, se personó en La Aldea para conocer de primera mano el problema que llevaba tanto tiempo pendiente de solución. Él sabía que se habían producido muchos litigios judiciales y algunos líderes aldeanos se habían desplazado hasta Madrid para solicitar la propiedad de sus tierras.

Finalmente, éstas fueron concedidas a los aldeanos, que por fin triunfaron, después de 300 años de lucha, y se hicieron acreedores de los títulos de sus tierras. Y al Mayorazgo se le adjudicó la titularidad de 100 Ha.

Algunos aldeanos se desplazaron a Madrid para tratar de pedir una solución a este problema que duraba tanto tiempo y que tenía soliviantada a la gente de La Aldea.

El cura Vicente Bautista Sosa, tío de mi padre, se trasladó a Madrid para pedir la ayuda del Ministro en el Pleito.

Solicitó audiencia al secretario del Sr Galo Ponte, y éste le contestó que el Ministro estaba muy ocupado y que no lo podría atender.

-Señor, yo vengo desde muy lejos, desde Las Islas Canarias, casi como en el fin del mundo. He tardado días en llegar y no me puedo volver sin haber hablado con él.

-Lo siento, es imposible que lo reciba- le contestó el Secretario.

-No importa, yo esperaré lo que haga falta, le comentó don Vicente.

El cura se sentó en la sala de espera y siempre que pasaba Galo Ponte le saludaba muy respetuoso:

-Buenos días, señor Ministro.

-Buenas tardes, señor Ministro.

Y así cada mañana y cada tarde, al verle entrar y salir de su oficina.

Pasados unos días, Galo Ponte le pregunta extrañado a su secretario:

-¿Quién es este curita que me saluda mañana y tarde cada día?

-El viene desde las Islas Canarias para tratar sobre el Pleito de los aldeanos por la propiedad de la tierra.

De esta manera, el Sr Ministro se apiadó de él y le hizo pasar a su despacho, escuchándole atentamente y prometiéndole estudiar el caso.
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Francisco Suárez Moreno es autor del magistral libro "El Pleito de La Aldea: 300 años de lucha por la propiedad de la tierra. (1990)
También recomiendo la lectura de Breve Historia de La Aldea de San Nicolás (I y II), del mismo autor, en la Revista Digital Bienmesabe, para conocer algo más de nuestra historia.
Fotos tomadas de dicha Revista.
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domingo, 29 de marzo de 2009

Aldea de San Nicolás, Antonio Quintana el "Indiano"

Antigua plaza de La Aldea de San Nicolás, Gran Canaria, España.

Muchos aldeanos tuvieron que emigrar a Cuba y Venezuela en busca de nuevos horizontes, ya que en la isla de Gran Canaria no había trabajo, ni porvenir para los jóvenes.

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Mi padre me contó muchas historias interesantes de mi abuelo Antonio Quintana, a quien apodaban el "Indiano", tanto de su estancia en Cuba, como en La Aldea.

Él había emigrado en la segunda mitad del siglo XIX y volvió unos años más tarde.

Me contaba que había un exportador, llamado don José, de la capital de la isla, que iba a recoger tomates que cosechaban algunos agricultores de La Aldea, durante toda la zafra.

Cuando terminaba el período de recolección de la fruta, los labradores se acercaban a la capital, con la intención de cobrar. Al llegar a la oficina cada uno de ellos, don José le saludaba atentamente:

-Buenos días, ¿qué le trae por aquí?

-Vengo a cobrar- le respondía respetuosamente.

Don José, muy amable le contestaba:

-No se preocupe, voy a buscar el dinero para que usted regrese al pueblo sin dilación.

Pero pasaban las horas y don José no regresaba, por lo que el agricultor tenía que volverse cabizbajo al pueblo, con las manos vacías.

Y así sucedía una y otra vez al ir a cobrar los tomates que habían cosechado con tanto trabajo.

Un día don Antonio, el "Indiano", manifestó su decisión de ir a cobrar los tomates.

-¿Para qué vas a ir?- le preguntaban sus familiares y amigos.- Ya sabes lo que siempre hace don José . Además, hay unos asaltantes a mitad del camino que roban a todo el que pasa.

-No se preocupen, yo estaré de vuelta con el dinero.

Se fue a la ciudad y al llegar a la oficina saludó:

-Buenos días, don José. Vengo a cobrar los tomates.

-Muy bien, don Antonio, enseguida salgo y se lo traigo.

-No, don José. Usted no se ausenta de aquí- le dijo con determinación.

-Pero aquí no tengo el dinero, por lo que tengo que ir a buscarlo.

-Usted no sale de aquí. Mande a buscarlo- reiteró.

Por mucho que insistió don José, no consiguió que mi abuelo cediera a su petición. Por lo que tuvo que llamar a su esposa, que se encontraba en el segundo piso, para que fuera a buscarle el dinero.

Una vez que la esposa regresó con "los cuartos", don José le pagó a mi abuelo y le dijo:

-Por favor, don Antonio, le ruego que no le comente a nadie que usted cobró.

Él tomó de nuevo el camino de regreso al pueblo y al llegar, todo el mundo, asombrado, le preguntó:

-Pero, don Antonio, ¿cómo logró cobrar? ¿Y cómo consiguió soslayar a los asaltadores que siempre están apostados a medio camino?

-Muy fácil, les contestó mi abuelo. Cuando llegué, le dije a don José que no regresaría al pueblo sin el dinero. Y cuando pasé por donde estaban los bandidos, yo iba disfrazado de mendigo, con un saco en el hombro, con el capital dentro.- ¿Cómo iban a asaltar a un mendigo que no tiene ni para comer?

La fama de don Antonio de hombre serio y que se dejaba respetar era de todos conocida, pero es exagerado como lo pintó un fabulador que escribió un libro basado en viviencias del pueblo, en el que contaba que él se paseaba por La Aldea con un pistolón en la cintura que hasta la Guardia Civil le tenía miedo.
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Foto tomada de la Red